Silvio Rodríguez continúa siendo uno de los autores cubanos más prolíficos y un ícono para más de una generación no solo de sus compatriotas, sino en muchas partes de Europa y prácticamente de toda América Latina. Silvio Rodríguez continúa siendo uno de los autores cubanos más prolíficos y un ícono para más de una generación no solo de sus compatriotas, sino en muchas partes de Europa y prácticamente de toda América Latina.
Su música, y sobre todo sus letras, están impregnadas de lirismo, pero en no pocas ocasiones resultan enigmáticas a quienes las escuchan. Por eso, recientemente despertaron un marcado interés entre los seguidores de su blog Segunda Cita, la revelaciones del propio autor sobre qué lo inspiró en algunas de ellas o anécdotas y sucesos alrededor de composiciones tan conocidas como «La era está pariendo un corazón», «Esta canción», «Ojalá», «Unicornio», «Oleo de mujer con sombrero», «Rabo de Nube» y otras tantas, hasta un total de quince de sus obras más reconocidas mundialmente.
Así, sobre La era… Silvio Rodríguez la considera la primera que le inspiró la figura del guerrilleo argentino cubano Ernesto Che Guevara y también la primera que trascendió las fronteras de Cuba, cuando el cineasta argentino Pino Solanas la incluyó en su antológico documental «La hora de los Hornos», aunque en su opinión lo que la convirtió en un verdadero éxito de público fue la espectacular interpretación que hizo de ella Omara Portuondo.
Para Silvio, Esta canción, en cambio, es su obra más descarnada. «La hice el día que cumplí 21 años, durante un decepcionante festival de la canción en Varadero. Quedé tan agotado y vacío que nunca más intenté algo parecido, como una experiencia por la que sólo se transita una vez».
En cambio, de El Papalote, guarda un especial cariño «porque describe recuerdos de infancia en mi pueblo y la vida de aquel hombre, que hacía papalotes y que al cabo de los años me hizo comprender a la gente anónima que es importante» aunque en realidad habla «de cosas cruciales como si fuera sin querer, sin ser didáctico, sesgadamente, como la mayoría de las veces nos enseña la vida real».
«Entre varias canciones mías donde lo personal y lo colectivo se funden, -continúa- Pequeña serenata diurna «es la que mejor lo consigue, por su transparencia. Creo que fue un resumen, tras hacer otros muchos intentos, entre los que también pudiera contarse Te doy una canción. Usé la paráfrasis de un título de Mozart porque creí encontrarme ante el mismo dilema que él en su Pequeña Música Nocturna: nombrar cosas grandes en un espacio ínfimo.
En cuanto a la deslumbrante Sueño con serpientes, recuerda que Joaquín Sabina la definió como «una canción sin familia, y quizá tenía razón. La escribí de madrugada, porque la soñé (…) La cita de Bretch se la puse como brújula, porque si hoy resulta misteriosa, cuando la hice era desconcertante. Entonces parecía demasiado críptica, y yo necesitaba de un recurso para darle sentido».
En cuanto a otra joya, Oh Melancolía, la define como «una canción que necesitaba hacer (…) El tema se me ocurrió en un ensayo que detuve inmediatamente, para correr a mi casa a desarrollarlo. No me fue fácil, estuve tres meses dándole vueltas. Puse en práctica todo lo que sabía, pero afortunadamente el tema mismo era algo que no sabía, que me había inducido el azar. Y el azar es una de las fuerzas más descomunales de la naturaleza. Según los físicos, de ahí nacen las singularidades, como el Big-Bang… Bueno, está claro que no creé el universo con Oh Melancolía, pero mi modesto universo musical creció con ella».
Uno de los rostros más frescos de la música popular actual, Laritza Bacallao, anda preparando maletas para lanzarse a una gira por EEUU y Europa en los próximos meses, tras convertirse en poco tiempo en una de las más destacadas exponentes de la música tradicional y contemporánea cubana. Quienes conocen de música lo olfatearon desde las primeras presentaciones de la muchacha: Es, posiblemente, lo mejor que ha dado Cuba en la guaracha después de Celia Cruz, pues a su voz potente y timbre agradable, se le agrega un carisma arrollador y esa chispa que parece encender por dentro a todos los cubanos en cuanto escuchan una tumbadora.
Quizá por eso mismo, los temas «Carnaval» y «Que suenen los tambores» han permanecido durante semanas en las listas de favoritos de las radioemisoras cubanas, aunque Laritza ha visto ese éxito con una mezcla de satisfacción y temor, porque si bien la resulta agradable sentirse aclamada por el público, considera un reto lograr nuevas creaciones que superen el impacto de esas canciones.



