Muchos cubanos se acuerdan por estos días de la famosa canción de Julio Iglesias, sobre todo después de la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el parlamento cubano, en la cual quedaron despejadas todas las dudas sobre las perspectivas de la desaparición de la dualidad monetaria en el país. Muchos cubanos se acuerdan por estos días de la famosa canción de Julio Iglesias, sobre todo después de la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el parlamento cubano, en la cual quedaron despejadas todas las dudas sobre las perspectivas de la desaparición de la dualidad monetaria en el país.
Primero fue el vicepresidente del Consejo de Ministros Marino Murillo, identificado como «el que más le sabe» a las transformaciones que se llevan a cabo en la economía, quien al referirse al llevado y traído tema dejó claro que la eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria no resolverá por sí sola los problemas de la economía cubana ni lo que más preocupa a la gente, la capacidad adquisitiva del salario, si no que ambos factores dependerán en buena medida de que la economía real cree mayores riquezas.
De cara a la población, manifestó, la eliminación gradual de la dualidad concita muchas inquietudes, y para calmarlas aseguró que la capacidad de compra no se verá afectada. Seguirán con sus precios el consumo normado, los de las tiendas en divisas y otros segmentos del comercio. Y al dinero en manos de la población o en cuentas de ahorro se le respetará su valor.
Después, en las palabras finales de la reunión, el presiente Raúl Castro dijo más o menos lo mismo, que continúan los preparativos «que aseguren el éxito del proceso de unificación monetaria, el cual, como ya se ha explicado, no significa la solución mágica a todos los problemas presentes en la economía, sino que será un factor decisivo en pos de un sustantivo incremento de la eficiencia y de la productividad del trabajo, a la vez que propiciará una distribución más justa de la riqueza creada».
Y añadió que «se garantizarán los depósitos bancarios en divisas foráneas, pesos cubanos convertibles (CUC) y pesos cubanos (CUP), así como el efectivo en poder de la población y las personas jurídicas nacionales y extranjeras».
Con esto, la tranquilidad ha vuelto a muchos corazones porque quienes andaban corriendo para cambiar pesos por CUC, CUC por dólares y euros, o todo lo contrario, ya no tendrán de qué preocuparse, porque como quiera que tiren la moneda, caerá por la misma cara.
Pero también andan de ala caída quienes guardaban esperanzas de que la eliminación de la dualidad monetaria trajera consigo un cambio en la proporción CUC-CUP que aliviara un poco la asfixia de los bolsillos de la mayoría de los cubanos.
Pancho, uno de los tantos que andaba sacando cuentas para salir ganando algo, ya está en el portal de su casa echándose fresco: «El dinero que puse en banco, allí se queda. El que tengo debajo del colchón, también, y no cambio un peso más», dice mientras se abanica con un Granma para amortiguar el calor de este verano que viene «por la goma».
Alberto, su vecino, le da la razón y lo consuela con un «olvídate Pancho, que vamos a seguir en las mismas porque el problema no son los pesos ni los CUC, sino los salarios y los precios, y eso, es harina de otro costal».



