Viajeros llegados desde La Habana que mantienen algunas relaciones con el sector empresarial local cuentan cómo han empezado a percibir un incipiente fenómeno, según el cuál, a pesar de que el crecimiento económico cubano mantiene todavía un ritmo que podría calificarse como vivo y consistente, de que las relaciones comerciales con Venezuela y China se refuerzan y de que los datos de la inversión extranjera vuelven a ser bueno, se estarían detectando algunas dificultades, todavía incipientes en las compañías para poder atender los pagos en divisas que tienen comprometidos con algunos de sus suministradores internacionales. Viajeros llegados desde La Habana que mantienen algunas relaciones con el sector empresarial local cuentan cómo han empezado a percibir un incipiente fenómeno, según el cuál, a pesar de que el crecimiento económico cubano mantiene todavía un ritmo que podría calificarse como vivo y consistente, de que las relaciones comerciales con Venezuela y China se refuerzan y de que los datos de la inversión extranjera vuelven a ser bueno, se estarían detectando algunas dificultades, todavía incipientes en las compañías para poder atender los pagos en divisas que tienen comprometidos con algunos de sus suministradores internacionales.
Quienes comentan esta situación ven como posible que el fenómeno se esté produciendo como consecuencia del embudo que estaría desarrollando en el Banco Central cubano, desde que la ley obliga a que pasen por sus dependencias las autorizaciones correspondientes a todas las operaciones en divisas que se realizan desde o hacía la mayor de las Antillas.
Esta situación jurídica que se mantiene ya desde hace algunos años, tendría, según quienes la explican, un doble efecto y perjudicial efecto para quienes la padecen en los dos extremos en los que se configura el problema, porque al retraso en los pagos, que sufre una de las partes se sumaría también una menor capacidad para conseguir créditos al haberse reducido el número de actores solventes que pueden solicitarlo, puesto que existe un único pagador: la propia autoridad monetaria cubana.
Otros organismo que tradicionalmente podían operar con cierta autonomía en divisas, desde Cimex a las empresas del sector turístico, se encuentran sin acceso directo a los proveedores de los insumos que necesitan y con el impacto poco positivo del efecto que las demoras a la hora de abonar el dinero comprometido suele tener en estos casos.
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