¿Se ha hecho usted esa pregunta alguna vez? ¿Sabe de alguien que haya descubierto por dónde le entra el agua al coco? Los científicos lo sabrán, pero es casi imposible encontrar una respuesta en pocas palabras, y algo así ocurre cuando alguien se detiene ante cualquier timbiriche de los que han florecido por miles en La Habana y otras ciudades cubanas ofertando todo lo humano y lo divino. Por donde le entra el agua al coco
¿Se ha hecho usted esa pregunta alguna vez? ¿Sabe de alguien que haya descubierto por dónde le entra el agua al coco? Los científicos lo sabrán, pero es casi imposible encontrar una respuesta en pocas palabras, y algo así ocurre cuando alguien se detiene ante cualquier timbiriche de los que han florecido por miles en La Habana y otras ciudades cubanas ofertando todo lo humano y lo divino. Aunque en este caso respuestas puede haber muchas y todas sirven, en parte.
Cheo el ‘merolico’ anda por esto días un poco disgustado porque muchos clientes, en vez de comprarle sus productos, se ponen a criticarlo de que las cosas están muy caras y algunos, ¡Habrase visto! le han dicho en su propia cara que son productos «robados de las shoping».
«Yo no pongo la mano en la candela por nadie, pero lo que soy yo, ¡nunca me he llevado ni un botón!» dice con la mano en el pecho, casi a punto de jurar por su abuelita…Y es cierto que el no los roba, pero los compra para luego revenderlos.
Ahora anda en los caballitos de El Mónaco, vendiendo juguetes a los niños que se antojan cuando los papás los llevan al parque infantil. El ‘modus operandi’ es muy sencillo. Primero va a una tienda «todo por uno» que hay a dos cuadras; compra unas cuantas pistolitas plásticas a un CUC cada una y luego las vende en el parque a 30 pesos cubanos. Repone la «inversión» y se lleva limpios 6 pesos por cada juguete. Papi y mami sueltan el gallo sin chistar con tal de que el niño no les arme un bateo en medio del parque. Como él hay muchos que lo hacen de manera parecida, pero no solo con juguetes, sino que incluyen en su lista de productos hasta pañales desechables, que literalmente se pierden de las tiendas y ellos venden a precio de oro.
Las críticas, incluso en la prensa, comienzan a arreciar, para que las autoridades tomen carta en el asunto y pongan algún tipo de control, pero hasta ahora nada.
Lo que hace Cheo el ‘merolico’ es lo más fácil de detectar, pero la cosa se complica cuando usted encuentra en el timbiriche más insospechado artículos que jamás se han visto en las shoping, como, por ejemplo, desodorante Old Spice, Camisetas con etiquetas Made in USA o lencería confeccionada con algodón de Medellín.
Ese negocio, dice Cheo socarrón, hay que buscarlo en los vuelos que vienen de Panamá o Ecuador, en las «mulas» que van y vienen por montones de Miami y hasta de Haití. «¡Ahí sí hay!», garantiza Cheo.



