“Se dice y no se cree”, fue lo que dijo Rafael cuando, con solo un par de trámites, le “donó” su viejo auto Moskvich a un amigo, al calor de las nuevas regulaciones que desde el pasado año hicieron posible que -¡por fin!- los cubanos pudieran disponer de sus vehículos como les salga en ganas. SI SIEMPRE FUERA ASÍ…
“Se dice y no se cree”, fue lo que dijo Rafael cuando, con solo un par de trámites, le “donó” su viejo auto Moskvich a un amigo, al calor de las nuevas regulaciones que desde el pasado año hicieron posible que -¡por fin!- los cubanos pudieran disponer de sus vehículos como les salga en ganas.
En realidad lo del regalo es “música tropical” porque Rafael ya le había vendido por la izquierda el auto a su amigo en el lejano 1996, pero como en aquella época los vehículos de fecha posterior a 1959 no podían cambiar de dueño porque el Estado no lo permitía, la cosa había sido por debajo de la manga y oficialmente Rafael conservaba la propiedad del “tractovich” soviético.
Ahora, sencillamente, ambos se presentaron en el registro de vehículos del Ministerio del Interior, solo con una carta hecha de cualquier forma en la que se exponían los motivos de la transacción y los datos básicos del carro, un sello de cinco pesos y la licencia de conducción.
Increíble pero cierto en un país donde la burocracia hace maravillas para amargarle la vida a los simples mortales. Nadie preguntó por qué Rafael iba a «regalar» su auto, ni si había algún negocio por debajo de la manga, ni le buscaron la quinta pata al gato. Por fin un pequeño rayito de sentido común.
HAY QUE ESTAR EN FORMA
No es chisme de Radio bemba sino dato oficial: El pronóstico demográfico de Naciones Unidas colocará a Cuba entre los países más envejecidos del mundo en 2050 con el 39,2% de sus habitantes con 60 años o más, según los últimos estimados.
Para esa fecha, la edad media de los cubanos estaría en 52 años, con lo que sería el cuarto país del orbe en ese indicador, superado en orden descendente por Bosnia y Herzegovina, Japón y Portugal.
Los veteranos están en todas partes y todo indica que piensan seguir deshojando almanaques.
Hace años aparecieron los Círculos de abuelos, en los cuales los viejitos se reunían para hacer ejercicios más o menos sencillos, y mantener engrasadas las bisagras. Pero con el tiempo se han multiplicado y ni las penurias de la crisis de los 90 lograron detenerlos, porque aunque raquíticos por la falta de “jama” siguieron dando carreritas y haciendo mancuernas con botellitas plásticas de gaseosa llenas de agua o arena.
Pero ahora llegó la sofisticación, pues se multiplican los círculos de Tai Chi, con uniformes de cuellito Mao incluidos, y muchos Círculos de abuelos se han convertido en instituciones sociales en las cuales los miembros organizan excursiones y hasta fiestas de cumpleaños.



