Crónicas habaneras

La Habana se va animando cada vez más. Con la apertura al trabajo por cuenta propia por todas partes aparecen de la noche a la mañana puestos de venta de pizzas, de churros, de pan con algo, cafeterías más o menos bien montadas y paladares, que ya no son los establecimientos de los primeros tiempos, con solo tres mesitas, sino que algunos están instalados con todas las de la ley y se atreven incluso a lanzarse a la cocina gourmet o a la llamada “de autor”. LA CIUDAD DE LOS TIMBIRICHES

La Habana se va animando cada vez más. Con la apertura al trabajo por cuenta propia por todas partes aparecen de la noche a la mañana puestos de venta de pizzas, de churros, de pan con algo, cafeterías más o menos bien montadas y paladares, que ya no son los establecimientos de los primeros tiempos, con solo tres mesitas, sino que algunos están instalados con todas las de la ley y se atreven incluso a lanzarse a la cocina gourmet o a la llamada “de autor”.

Y ni hablar de la venta de ropas, que le hacen la competencia con variedad, calidad y precios a las ‘shoping‘, o los puestos donde se venden artesanías, artículos para fiestas, enseres de plomería, de electricidad, de carpintería, o todo al mismo tiempo, sin contar los lugares donde arreglar zapatos, teléfonos celulares, equipos electrodomésticos y hasta computadoras, algunos con anuncios lumínicos y otros hasta con faltas de ortografía.

Es un torbellino comercial que satisface muchas necesidades y hace la vida más cómoda, pero cada vez son más las voces que alertan sobre la posibilidad de que La Habana, una urbe hermosa hasta en sus paredes descascaradas, se pueda convertir en un futuro en “la ciudad de los timbiriches”.

“Ya no se puede caminar por las aceras en algunos lugares” dice Juana, una maestra que todos los días anda a pie un buen tramo por la avenida de Diez de Octubre de su casa a la escuela y viceversa.

“El supermercado de El Mónaco hay cuatro mostradores para despachar y el resto del espacio está vacío, y en cambio, afuera aquello parece una candonga angolana, con los timbiriches que lo mismo te venden ropa que tornillos” agrega incómodo Rafael, quien hace tiempo le planteó el problema al delegado (concejal) y la cosa sigue igual.

Y lo más lindo es que hay montones de locales cerrados y aunque dijeron que los iban a alquilar a los ‘cuentapropistas‘ porque al parecer estos no tiene allí las debidas condiciones para establecer sus negocios o los alquileres son muy altos.

Y mientras tanto, los timbiriches siguen floreciendo.

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