Crónicas habaneras

Ya están apareciendo los mangos en los mercados habaneros. MANGOS ADELANTADOS

Ya están apareciendo los mangos en los mercados habaneros. Es una novedad, porque al parecer la temporada se adelantó y cuando nadie lo esperaba comenzaron los gritos de los vendedores: “¡Vaya, tu manguito maduro aquí!”.

Las primeras noticias de la llegada de “la época de mangos” las dio Edilia, quien refuerza el dinerito de su jubilación vendiendo jugos de frutas en el vecindario, sin dudas los mejores de toda La Habana, espesos y con el punto exacto de azúcar, pues cuando fuimos a comprarle un pomo de litro y medio por 15.00 pesos pensando en un refresco de piña, melón o guayaba, nos sorprendió con que tenía de mango.

Algunos sugieren que este año debe haber “mangos hasta por los codos”, pues no fueron fuertes los vientos de cuaresma, que cuando son muy intensos, acaban con la floración de los árboles y tumban incluso hasta los manguitos aun muy tiernos.

Cierto es que la fruta no está al alcance de todos, pues los precios andan por las nubes, pero han comenzado a bajar rápidamente porque los puestos de frutas y vegetales se están llenando, pero muchos todavía no los compran, no por una cuestión de dinero, sino porque según dicen los viejos, los mangos solo se pueden comer a partir de mayo. Si el cambio climático no cambia el estado de las cosas, el primer día de ese mes debe caer un buen aguacero, en el que casi todo el mundo se baña porque dicen que pone a la gente bonita, y en el caso de los mangos es como una especie de acto de purificación, porque las abuelas dicen que “comer mangos antes de ese momento da diarreas y hasta tifus”.

Ahora comienzan también algunas guerritas familiares, cuando los hijos del vecino le rompan a usted el cristal de alguna ventana a pedradas, tratando de robarle los mangos, que usted, por tacaño, no les quiso regalar o vender.

Y si de tradiciones y costumbres se trata, algunos también comenzarán a calcular la magnitud de la cosecha de este año, pues como sostienen los guajiros, “año de mucho mango, año de poco aguacate”, presagio que, aunque parezca una absurda superstición, siempre se cumple.

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