Crónicas habaneras

El viejo Cándido vio que por la acera se acercaba Marlene, su vecinita, y recordó que hacía semanas que no la veía y pensó saludarla y, de paso, enterarse en qué andaban metidos. Lo barato sale caro, pero sale

El viejo Cándido vio que por la acera se acercaba Marlene, su vecinita, y recordó que hacía semanas que no la veía y pensó saludarla y, de paso, enterarse en qué andaban metidos.

«¡Buenos días vecina! ¿Qué, andamos en obras?» Le preguntó solícito a la muchacha.

«¡Hola Cándido! Pues no me diga nada que estábamos abriendo un hueco en la pared para instalarle un aire acondicionado a Mami, que le compró mi hermano Migue, el que vive en Miami» Le respondió amablemente Marlene.

«Usted recuerda que no hace mucho él vino de visita. Pues quería comprarle un aire a Mami, porque la pobre ya está que cada vez soporta menos el calor, y aunque caminamos La Habana entera no encontramos el que él quería, de una tonelada, porque solo los había más pequeños. Yo le dije que nos dejara el dinero para cuando los sacaran en las shoping, pero él tanto dio que cuando volvió para Miami lo primero que hizo fue comprar uno allá y mandarlo para acá».

«¿Si? ¿Y cómo fue que pudo mandarlo? ¿Con algún particular o por correo?»

«Pues él lo mandó por una empresa nueva que se llama Palco no se qué y que pertenece al Palacio de Convenciones, que cobra más barato que otras, pero como es nueva la cosa parece que no está todavía muy bien engrasada y la verdad es que a Migue todo le fue muy fácil allá, comprarlo, empaquetarlo y mandarlo por barco; pero yo aquí he tenido que pasar el Niágara en bicicleta para poder sacar el aire».

¿Por qué, te cobraron mucho en la aduana? Inquirió Cándido.

«No hombre, no, el dinero es lo de menos, aunque tuve que pagar por el peso, pues usted sabe que si el paquete es chiquito sale gratis. El problema fue que tuve que ir tres veces, porque cada vez pedían papeles por aquí y comprobantes por allá.

«Entonces eso de enviar paquetes no da muchos resultados ¿No?» le preguntó Cándido todavía no muy convencido.

«Nooo -le advirtió Marlene- para eso hay varias empresas, que se anuncian hasta por Internet, unas desde Miami, otras desde España, y así. Las hay más caras y otras menos y algunas le traen a uno las cosas hasta la puerta de la casa, como una que se llama Havanapack. Otras hacen las ventas por catálogos y transportan lo mismo ropa, que muebles y hasta carne congelada… Pero Migue se antojó de esa, que como es nueva tenía una oferta, y eso que yo se lo dije: Migue, lo barato sale caro…

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