Crónicas habaneras

“¿Tu estás seguro de que están maduros?” fue la pregunta, en apariencia absurda, que María Elena, de compras en el agro, le hizo al vendedor ante una mano de plátanos, de color amarillo brillante, como recién pintados, sin la más insignificante mancha. VERDES PERO MADURAS

“¿Tu estás seguro de que están maduros?” fue la pregunta, en apariencia absurda, que María Elena, de compras en el agro, le hizo al vendedor ante una mano de plátanos, de color amarillo brillante, como recién pintados, sin la más insignificante mancha.

El hombre, con cara de pocos amigos le respondió: “¿No los ves mi niña? Maduritos, para chuparse los dedos”.

María Elena no le contestó, pero pensó “ese perro me ha mordido otras veces”, y siguió hasta más adelante, donde al fin compró unos plátanos, no tan lustrosos y tersos como los anteriores, pero que le ofrecían mayor seguridad.

Porque comprar frutas maduras se ha convertido en un problema para muchos, que, o tienen que ser casi expertos en botánica o “casarse” con un vendedor honesto, especie que no abunda, y con demasiada frecuencia resulta engañosa la apariencia de las piñas, plátanos, mangos y papayas (en Cuba se le llama fruta bomba, lo otro es pornografía), que por fuera parecen listas para satisfacer al más exigente de los paladares y por dentro están rotundamente verdes.

Eso, porque con tal de vender y vender, muchos productores y comerciantes le han cogido el gusto a violentar el normal proceso de maduración de las frutas y vegetales, usando productos químicos como el flordimex o ácido cloroetilfosfónico, cuyo empleo está autorizado en Cuba para acelerar la maduración y la concentración de la sacarosa en la caña de azúcar; pero no para otros productos.

Hay comentarios de que algunas personas han tenido problemas estomacales tras ingerir determinadas frutas, pues al parecer a los vendedores o a los agricultores “se les ha ido la mano” a la hora de echarle productos químicos a las plantas para acelerar la maduración, y aunque el asunto no es motivo de alarma generalizada no son pocos los que antes de comprar miran y revisan el producto y, con todo su derecho, exigen que el vendedor le haga una hendidura para comprobar si la pulpa está en su punto o no. Algunos ponen mala cara ante tanta insistencia, pero como dice María Elena, “ese es su problema, porque el que paga manda”.

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