No se confunda, que no es Madrid, sino La Habana, donde también hay una confluencia de calles a la que todo el mundo llama Cuatro Caminos, y muy cerca de allí radica un centro comercial que en sus mejores tiempos, en los años 40 y 50 del pasado siglo, era el principal abastecedor de alimentos frescos de la capital del país, y en los últimos años, a despecho de su galopante deterioro arquitectónico, también volvió a ser uno de los puntos neurálgicos de la compra y venta de carnes, frutas y vegetales. MISTERIO EN CUATRO CAMINOS
No se confunda, que no es Madrid, sino La Habana, donde también hay una confluencia de calles a la que todo el mundo llama Cuatro Caminos, y muy cerca de allí radica un centro comercial que en sus mejores tiempos, en los años 40 y 50 del pasado siglo, era el principal abastecedor de alimentos frescos de la capital del país, y en los últimos años, a despecho de su galopante deterioro arquitectónico, también volvió a ser uno de los puntos neurálgicos de la compra y venta de carnes, frutas y vegetales.
Sin embargo, desde hace unas cuantas semanas han desaparecido los vendedores con el bullicio de sus pregones, no hay trasiego de clientes y el mercado de Cuatro Caminos se mantiene cerrado a cal y canto, sin que haya señal alguna de cuál va a ser su futuro. Solo se sabe, por comentarios de Radio bemba, que la poderosa empresa CIMEX se encargará de la restauración que desde hace décadas está pidiendo a gritos el edificio.
Por supuesto, antes, los cientos de vendedores del mercado fueron desplazados discretamente hacia otros lugares, a regañadientes, pues como afirman muchos de ellos, la ganancias que le reportaba vender en Cuatro Caminos no las alcanzarán en otros sitios “ni haciendo horas extra”, según dice Raulito, un joven vendedor de flores que con el tiempo se ha especializado en hacer fabulosos ramos para ofrendas a los santos africanos.
Gran cantidad de rutas de ómnibus pasan por alguna de las cuatro calles -Monte, Cristina, Matadero y Manglar- que circundan lo que fuera El Mercado General de Abastos y Consumo Único fundado en 1920, y ante tal panorama a la vista, de inmediato se generan los comentarios entre los pasajeros al contemplar los portales desiertos, las puertas tapiadas y algún que otro custodio soñoliento.
Unos dicen que “ese es un elefante blanco, tan desbaratado que lo mejor sería echarlo abajo y hacer allí otra cosa”. Otros aseguran que “CIMEX le va a meter mano para convertirlo en un mercado ‘de verdad‘, como hicieron con el de Carlos III”, y hay quienes afirman que las obras van a ir de la mano de la Oficina del Historiador de la Ciudad, porque es un edificio que forma parte del patrimonio de la ciudad y que “la restauración va a ser de apaga y vámonos” tratándose de una construcción amplísima, de dos plantas y sótano, que requiere echarle encima unos cuantos millones de pesos y complicados trabajos especializados para devolverle la imagen original.
Pero mientras los comentarios de la gente van y vienen y el gobierno de la ciudad y las empresas constructoras se mantienen sin decir ni pío, el misterio sigue en Cuatro Caminos.



