“La felicidad en casa del pobre dura poco”, fue la expresión de Teresa, y la de muchos consumidores más, al volver en este mes de enero a buscar en la carnicería su mínima cuota de “pollo por pescado”. EL PESCADO VOLVIO A SER POLLO
“La felicidad en casa del pobre dura poco”, fue la expresión de Teresa, y la de muchos consumidores más, al volver en este mes de enero a buscar en la carnicería su mínima cuota de “pollo por pescado”.
Para los amantes de los productos del mar, el pasado diciembre fue un mes de plácemes, pues las autoridades de la Isla anunciaron la distribución de pescado, alrededor de medio kilo por persona, y dijeron que en adelante se mantendría la venta de ese producto de forma normalizada, o al menos eso fue lo que una gran mayoría entendió.
Pero al parecer esto no era exactamente así y ya en el mes que termina las escamas se convirtieron en plumas, para insatisfacción de una gran mayoría.
Ana, quien se quejaba de que estaba a punto de que le salieran pico y espuelas, se encuentra desconsolada: “Lo peor no es que falte el pescado por la libreta, sino que no tienes para donde virarte, pues las pescaderías donde lo venden por la libre están vacías desde no sé cuándo y malamente se encuentran croquetas, que además pueden ser de todo menos de pescado”.
“Y en las shoping ni hablar -la apoya su hermana, también fan de la dieta marinera-, porque una minúscula latica de atún te cuesta nada más y nada menos que 1,75 CUC, las sardinas todavía más, y las langostas y camarones, para qué vamos a hablar”.
“Pues no queda de otra mi hermana -le advierte Ana- solo nos queda cantar kikirikí, o agarrar una caña e irnos a pescar al malecón”.
Y es esto último lo que las hace meditar a ambas, que se preguntan “¿cómo puede ser posible que en una isla rodeada de mar no haya pescado en el mercado?”.



