El método aleatorio con que Forbes realiza sus listados de ricos sólo tiene una virtud: su aceptación generalizada

En las últimas semanas el gran objeto de atención informativa en Cuba y en Florida ha sido la lista de los gobernantes más ricos del mundo publicada este año por la revista Forbes que sitúa al presidente cubano, Fidel Castro, en el séptimo lugar, con una fortuna estimada de 720 millones de euros. En las últimas semanas el gran objeto de atención informativa en Cuba y en Florida ha sido la lista de los gobernantes más ricos del mundo publicada este año por la revista Forbes que situa al presidente cubano, Fidel Castro, en el séptimo lugar, con una fortuna estimada de 720 millones de euros. No es la primera vez que la revista estadounidense incluye al gobernante de la mayor de las Antillas en su relación de políticos multimillonarios, pero sí es la primera vez que Fidel dedica buena parte de su tiempo a desmentir la noticia. A partir de aquí, hay que señalar que existe una clara aleatoriedad en las fórmulas empleadas por esta publicación para realizar la clasificación, un método basado en estimaciones curiosas, cuya mayor, y quizá única virtud, es el hecho que la tabla es universalmente aceptada por todos los medios de comunicación y rebotada hasta la saciedad. Una lista que sirve, por ejemplo, incluso a la prensa cubana, para admitir que el presidente de Microsoft, Bill Gates, es el hombre más rico del mundo desde hace varios años, pero que no aporta demasiado más que la posibilidad de que los comunicadores puedan calificar así, a las brillantes figuras que desfilan por el mundo financiero.

Lo ciero es que la mayoría de los expertos internacionales en los temas cubanos siempre han considerado muy poco probable que Fidel Castro tenga, a su nombre, voluminosas cuentas en el exterior. El propio concepto patrimonial con el que el gobernante gestiona la Isla, y sus activos, desde un punto de vista puramente personal, elimina la probabilidad. Además, desde la angosta estructura de la pirámide del poder político, en cuyo vértice se sitúa el propio Fidel Castro, en cualquiera de sus múltiples atribuciones, hace casi improbable que estemos ante un gobernante con necesidad de tener dinero fuera del país. Por eso, sorprende más la importancia que Fidel le ha dado a la noticia.

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