Orlando HERNÁNDEZ Viceministro primero del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX)

Con permiso... Tres preguntas

La Organización Mundial del Comercio (OMC), desde el lanzamiento de la Ronda de Doha en noviembre de 2001, no ha conseguido un acuerdo exitoso por la poca receptividad de los países ricos respecto a los reclamos de los subdesarrollados. Este primero de septiembre asumió el cargo un nuevo director general, con lo que deberá experimentar un cauce más dinámico, además de añadir la creciente influencia internacional de las economías emergentes y la realización de una conferencia ministerial de ese organismo en diciembre. Para profundizar en ese proceso negociador y otros aspectos de la actualidad del comercio internacional, Prensa Latina dialogó con el viceministro primero del Mincex, Orlando Hernández Guillén. La Organización Mundial del Comercio (OMC), desde el lanzamiento de la Ronda de Doha en noviembre de 2001, no ha conseguido un acuerdo exitoso por la poca receptividad de los países ricos respecto a los reclamos de los subdesarrollados. Este primero de septiembre asumió el cargo un nuevo director general, con lo que deberá experimentar un cauce más dinámico, además de añadir la creciente influencia internacional de las economías emergentes y la realización de una conferencia ministerial de ese organismo en diciembre. Para profundizar en ese proceso negociador y otros aspectos de la actualidad del comercio internacional, Prensa Latina dialogó con el viceministro primero del Mincex, Orlando Hernández Guillén.

-¿Podría lograrse un comercio justo en el actual orden económico mundial si la OMC no cambia sus normas?

– Para lograr un comercio justo es preciso que se tenga en cuenta la situación de desventaja en que están la mayoría de los países subdesarrollados. El actual orden económico mundial debe ser reestructurado. Las normas de la OMC no han sido diseñadas para dar una mayor y mejor participación de los países subdesarrollados en el intercambio global, y lo que es peor aún, existe fuerte reticencia a que se produzcan cambios en estas por los países industrializados. El estado actual de la Ronda de Doha así lo corrobora. Esta se ha prolongado demasiado por la falta de decisión política de los países del Norte, los cuales, sin embargo, han sabido imponer a los subdesarrollados por la vía bilateral, aspectos que no lograrían multilateralmente, como por ejemplo disposiciones más fuertes en materia de propiedad intelectual que van más allá de lo establecido, disposiciones sobre competencia, contratación pública, inversiones, entre otros.

Si bien lograr un acuerdo que satisfaga los intereses de todos los países miembros de la OMC es una empresa muy difícil ¿Estima que ello podría convertirse en realidad en momentos en que nuevos actores como las naciones del Grupo Brics constituyen importante contrapeso al poder hegemónico y su influencia económica en el mundo?

– Es momento de dar a la OMC una visión del mundo en desarrollo. Ese organismo ha cambiado con la presencia de Brasil, Rusia, China, India, Sudáfrica, entre otros, quienes están desempeñando un papel esencial debido a su participación en el comercio e influencia económica en general. No obstante, el que se llegue a concluir la Ronda depende de todos los integrantes de la organización, de la unidad de las naciones subdesarrolladas y de la flexibilidad de las industrializadas. Es necesario dar cumplimiento al objetivo común de la mayoría de los países, de impulsar ese ciclo negociador y que este llegue a buen puerto, donde los intereses de los del Sur no sean menoscabados.

Cuba es miembro fundador de la OMC ¿El nacimiento del ALBA, la Celac y Unasur y una coordinación de posiciones entre estos y otros bloques podrían influir hacia la adopción del consenso deseado en el seno de la OMC?

– Urge una mayor coordinación de posiciones en la región latinoamericana y otros bloques de países subdesarrollados con vistas a influir positivamente hacia la adopción del consenso deseado en ese organismo. Y hablamos de un consenso hacia el Sur. La Celac es una comunidad muy joven, que necesita consolidarse poco a poco como esquema de integración. Diríamos que desde sus albores está dotada de capacidad y liderazgo para avanzar en cualesquiera temas que sean de interés común para nuestra región. Por otro lado, el ALBA surgió precisamente como alternativa al neoliberalismo, a la apertura salvaje de los mercados y uno de sus principios es que el comercio no es el centro de la integración, sino un instrumento más, y da protagonismo a elementos de carácter social como la salud, la cultura, entre otros.

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