En resumen de urgencia del último discurso conmemorativo del 26 de julio pronunciado por el presidente cubano, Raúl Castro, debería iniciarse con el nuevo y poderoso lema que el mandatario ha querido regalar a la nación cuando aseguró que ahora “no era cuestión de gritar patria o muerte”, porque el bloqueo golpea a la Isla y la tierra está ahí y espera el sudor de los cubanos para producir. En resumen de urgencia del último discurso conmemorativo del 26 de julio pronunciado por el presidente cubano, Raúl Castro, debería iniciarse con el nuevo y poderoso lema que el mandatario ha querido regalar a la nación cuando aseguró que ahora “no era cuestión de gritar patria o muerte”, porque el bloqueo golpea a la Isla y la tierra está ahí y espera el sudor de los cubanos para producir. La crónica tendría que aportar algunos otros datos, como el hecho de que esta es la tercera vez que el líder, ya no tan nuevo, se dirigía a la población en este importante acto y que, en esta ocasión, la cita ha sido en Holguín, el último lugar en que se vio a Fidel Castro en un acto público, curiosamente, esta misma celebración, antes de que el 31 de julio de 2006 cediera el poder a su hermano.
Lo que no podría incluirse en el artículo sería ninguna referencia a la evolución de las reformas económicas que Raúl Castro prometió en 2007, en Camagüey, en su primer discurso de un 26 de julio. Quizá sea porque la crisis global y su impacto particular en la mayor de las Antillas haya impedido al equipo del presidente llevar a cabo su plan inicial. Ahora, como hemos dicho antes, lo más importante es hacer producir la tierra. Una tierra fértil que no ha sido sembrada por los campesinos a los que se han entregado tierras en usufructo.
Sólo un tercio del total ha empezado a trabajarse, según los datos aportados por el propio Raúl Castro con la exacta base científica de sus recorridos en helicóptero sobre la Isla. Lo que no se ha explicado en este discurso es cuáles son los medios que se han puesto a disposición de los trabajadores para que puedan cumplir su misión. O dónde pueden adquirir, aunque sea en divisas, aperos, tractores, piezas de recambio, semillas o insecticidas. Elementos que quizá no hagan falta, según la visión del jefe del Gobierno cubano que explicó también que sin necesidad de tantos suministros “sus abuelos plantaban árboles”. La culpa, siempre según Raúl es de esos funcionarios del Ministerio de Agricultura que “llegan con un listado interminable de millones de pesos o divisas solicitados para la tarea que se asigna, y si no aparece una bolsita de nailon no se puede sembrar”. Ya lo saben.
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