Se consolida un nuevo escenario en América Latina

El año 2005 se despidió de América Latina con el dibujo de un nuevo escenario político en pleno proceso de fragua. El año 2005 se despidió de América Latina con el dibujo de un nuevo escenario político en pleno proceso de fragua. La elección de Evo Morales como presidente de Bolivia y el adelanto del pago de Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) constituyen dos elementos dispares entre sí, pero que tienen un mismo hilo conductor: alejarse de la tutela del todopoderoso vecino del norte, EEUU.

A Washington hace ya tiempo que se le perdió la aguja de marear en América Latina. A sus modelos de dictaduras militares le sustituyó la ultraortodoxia financiera y a partir de ahí se ha producido un gran vacío que ha sido cubierto por movimientos populistas que aúpan a líderes inquietantes para la Casa Blanca y de los que, en términos generales, lo único que se puede afirmar es que buscan desesperadamente nuevas alternativas políticas y económicas para garantizar el desarrollo de sus respectivos países mientras comienzan a definir territorios transfronterizos de encuentro común.

Quizás porque aquí -como en tantos otros ámbitos de la vida- la veteranía es un grado, y porque La Habana ostenta con holgura el récord de años enfrentada a Washington, el comandante Fidel Castro ha podido celebrar su ‘47 cumpleaños’ (la revolución cubana triunfó el 1 de enero de 1959) sintiendo el aliento de varios gobiernos latinoamericanos y habiendo logrado consolidar un singular comercio de Estado mediante la exportación de personal técnico cualificado a cambio de materias primas, entre las que el petróleo venezolano juega un papel fundamental. Si esta particular forma de trueque socioeconómico llegara a consolidarse, no cabría duda de que Castro podría enorgullecerse legítimamente de haberse inventado un nuevo modelo económico. Uno de los fenómenos más perceptibles de esta nueva realidad es el efecto que el crudo venezolano está teniendo en la economía cubana. Hasta tal punto es determinante la ‘generosidad’ de Chávez con su maestro Castro que este último ha podido proclamar a los cuatro vientos que su país no sufrirá los habituales ‘apagones’ (o ‘alumbrones’ como los define el cubano de a pie) durante todo el año que acaba de estrenarse.

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