Sorprende el protagonismo que tanto el Gobierno cubano como la UE han aceptado darle a la Iglesia Catolica

El diálogo entre cubanos que se ha establecido entre el Gobierno de Raúl Castro y la Iglesia Católica, personificada en la figura del Cardenal de La Habana, Jaime Ortega, ha conseguido una amplia cantidad de resultados mensurables en muy poco tiempo. El diálogo entre cubanos que se ha establecido entre el Gobierno de Raúl Castro y la Iglesia Católica, personificada en la figura del Cardenal de La Habana, Jaime Ortega, ha conseguido una amplia cantidad de resultados mensurables en muy poco tiempo. Al menos si se compara con otros procesos similares emprendidos hace años que, apenas, pudieron exhibir frutos. En sete caso se ha liberado a un preso político enfermo, hay otros tantos que están encarcelados ahora en prisiones cerca de su lugar de orígen y, de momento, las Damas de Blanco pueden manifestarse sin que la indignación popular de algunos grupos se lo impida como sucedía antes de que se iniciaran las conversaciones de las que hablábamos al principio. Sin negar ninguno de estos extremos, sin embargo, a algunos diplomáticos europeos con residencia en La Habana, les sorprende la gran cantidad de protagonismo que el régimen de los hermanos Castro se manifiesta dispuesto a conceder en este momento a la Iglesia. Y más aún, el hecho, que la UE, en los últimos momentos de la presidencia de turno europea de España que termina este mes, haya aplazado unos meses la revisión de su Posición Común hacia la Isla a la espera de ver los resultados que se consiguen en estas conversaciones a dos bandas.

Los observadores más excépticos, sin embargo, dudan de que todos estos procesos vayan a concluir con algún avance real, más allá de los relacionados con las peticiones humanitarias de muchos colectivos que empezaban a lograr mucho espacio y mucha visualización en el exterior de la Isla. Ahora, el estallido y el estruendo que produjo la muerte en huelga de hambre del disidente Orlando Zapata parece haber pasado a la historia. Lo que puede significar algo positivo, también, si pueden conseguirse los objetivos que se persiguen sin necesidad de que haya más mártires.

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