«Esta vez me quedé con las ganas», fue la expresión de derrota de Maritsa, enfermera de un policlínico de barrio, que tiene en el cine uno de sus pasatiempos favoritos y se estaba afilando los dientes desde hacía semanas para, como ha hecho casi siempre, arreglárselas para ver la mayor cantidad posible de películas del 36 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. «Esta vez me quedé con las ganas», fue la expresión de derrota de Maritsa, enfermera de un policlínico de barrio, que tiene en el cine uno de sus pasatiempos favoritos y se estaba afilando los dientes desde hacía semanas para, como ha hecho casi siempre, arreglárselas para ver la mayor cantidad posible de películas del 36 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Para ello, previamente se gastó 40.00 pesos en dos pasaportes (las entradas que sirven para ver 10 filmes cada una en cualquier cine), pero por su trabajo le fue imposible trasladarse hasta el Vedado, donde esta vez transcurrió casi completamente el festival.
Este fue uno de los puntos débiles del maratón cinematográfico en esta ocasión, pues si hasta hace poco el festival abarcaba la gran mayoría de los cines presentables de la ciudad, lo que facilitaba la asistencia a mucha gente, pero con el tiempo el circuito se ha ido reduciendo para concentrarse en el multicines Infanta, Yara, La Rampa, Riviera, Charles Chaplin, 23 y 12 y unos pocas salas más casi siempre cercanas a la populosa calle 23.
Para paliar un poco esta situación los organizadores del evento programaron funciones al aire libre con pantallas gigantes itinerantes por algunos barrios, pero la mayoría no sabía cómo seguirle la pista además de que solo proyectaban cintas inocuas, apta paras para todas las edades.
«¡Qué va, yo no pierdo mi tiempo para ver una película sin comodidad, en medio de los ruidos de la calle y, encima de eso, pelándome con el frío que ha hecho en todos estos días!», asevera Karla, una estudiante de Historia del Arte que se califica a sí misma como polilla de cinemateca.
Pero más allá de estos inconvenientes, el séptimo arte se convirtió, entre el 4 y el 14 de diciembre en la comidilla de media Habana y de miles que se dedicaban a «estudiar» la cartelera diaria, para tratar de enganchar las películas en concurso o en las muestras paralelas, que ya venían con cierta fama.
Y muchos dedicaron jornadas prácticamente completas para correr de un cine a otro y hacer largas filas con tal de ver las cintas apetecidas.
A diferencia de años anteriores, cuando los filmes de Brasil, Argentina, España y Estados Unidos eran los más perseguidos, en esta ocasión la atención se volcó sobre las cintas cubanas, casi todas de estreno, con excepción de la ya multipremiada «Conducta», del director Ernesto Daranas, que en resumidas cuentas se alzó con el gran premio Coral del festival.
Pero las oleadas de público tras la cinematografía local no estaban mal encaminadas, pues si «Conducta» alcanzó otros siete premios colaterales y además el premio a la mejor actuación masculina para el novato y adolescente protagonista, las también cubanas, «Vestido de Novia» y «Fátima o el parque de la Fraternidad» estuvieron discutiendo a brazo partido el premio de la popularidad, que finalmente se lo agenció la primera.



