Todos los analistas parecen estar de acuerdo en que hay algo que por fin se mueve en la politica cubana

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En estos momentos hay una cierta unanimidad entre los cubanólogos habituales que no se ha producido demasiadas veces a lo largo de la historia. En estos momentos hay una cierta unanimidad entre los cubanólogos habituales que no se ha producido demasiadas veces a lo largo de la historia. Probablemente porque en la mayoría de los casos hay muchas más preguntas que respuestas a la hora de intentar aplicar cualquier método de análisis a la cascada de acciones y reacciones que se han producido en un espacio de tiempo relativamente corto en el escenario del país caribeño.

Sea por lo que fuere, lo cierto es que, hoy por hoy, todo el mundo parece tener la certeza de que algo, aunque hay que insistir en que nadie sabe muy bien de que se trata, se está moviendo en Cuba. Que algo pasa, por ahora sólo entre bambalinas, en esa Isla que podría ser paradisíaca, cuyo día a día dirige aún con férrea determinación un grupo de veteranos militares que se mueven en el entorno más cercano a los hermanos Castro.

Por eso, y ante la posibilidad quizá ya no tan remota de un cambio, justo cuando la crisis ha renovado en Europa el debate siempre pendiente de la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, algunos expertos han abierto una discusión, de momento puramente académica ante la urgencia de los retos con los que debe enfrentarse la Isla, sobre un posible problema que puede complicar a medio plazo el futuro de Cuba. La Isla tiene en estos momentos una pirámide poblacional más propia de los países de la Europa desarrollada que de las naciones de América Latina.

Con una esperanza de vida de 77 años y un ratio de natalidad de 1,59 hijos por mujer, si la tendencia se mantiene, en 2050 será uno de los más envejecidos del mundo. Y ese detalle, que no es ninguna broma, puede condicionar el diseño final de ese día después que, según todo parece indicar, está cada vez más cerca y definirá un horizonte nuevo para este privilegiado enclave caribeño. Justo ahora, cuando quizá empiece a ser posible impulsar un cambio, no conviene dejar cabos sueltos.

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