caracol gigante africano
El caso refleja un patrón recurrente en el país: campañas oficiales que comienzan con gran despliegue propagandístico y que, pasado un tiempo, caen en el olvido, sin lograr resultados sostenibles.
En Cuba, las ofensivas institucionales suelen arrancar con un impulso mediático desbordante, para luego desinflarse. Ocurrió con la lucha contra el caracol africano, que en sus inicios fue presentado como una amenaza sanitaria y agrícola de primer orden. Sin embargo, pocos años después, la presencia del molusco ha vuelto a ser habitual en calles y patios.
Este patrón no es nuevo. Basta recordar cómo, tras la emblemática Campaña de Alfabetización de 1961, considerada un éxito histórico, las décadas siguientes se poblaron de planes anuales que raras veces llegaron a cumplir sus metas.
De enemigo público número uno, el caracol africano ha pasado a convivir con los cubanos sin un plan de erradicación eficaz
El caracol gigante africano (Achatina fulica) es altamente dañino. Se alimenta de una amplia variedad de cultivos, lo que pone en riesgo la producción agrícola, y es portador de parásitos capaces de causar enfermedades graves en el ser humano, como la meningoencefalitis eosinofílica.
Introducido en Cuba en 2014, presuntamente por turistas para su uso en rituales religiosos, el molusco se propagó rápidamente gracias a su extraordinaria capacidad de reproducción y a la ausencia de depredadores naturales en la isla.
El molusco puede transmitir parásitos que afectan al sistema nervioso humano y devastar cultivos básicos
Actualmente, la mayor parte de la estrategia de comunicación sanitaria en Cuba se concentra en el mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue y otras enfermedades. Los mensajes preventivos se repiten en televisión, radio y espacios comunitarios, dejando en segundo plano a otras amenazas, entre ellas el caracol africano.
La pérdida de continuidad en las campañas genera un escenario de riesgo sanitario y agrícola sostenido, con consecuencias que pueden multiplicarse en los próximos años si no se implementan políticas de control sistemáticas y a largo plazo.
La reaparición del caracol gigante africano pone de relieve la dificultad de sostener campañas preventivas en Cuba y la necesidad de pasar de los impulsos mediáticos a planes de gestión ambiental duraderos. La experiencia demuestra que, mientras no se adopten medidas de seguimiento consistentes, este invasor seguirá multiplicándose en parques, jardines y campos de cultivo.
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