A COMPRAR LIBROS

Tal como Radio Bemba anunció en la edición anterior, la XX Feria Internacional del Libro de La Habana comenzó a todo trapo con jornadas maratónicas para los miles de cubanos que quieren comprar las últimas novedades literarias y disfrutar el amplio programa cultural -no solo de libros se trata la cosa- que se prolongará hasta el 6 de marzo. Tal como Radio Bemba anunció en la edición anterior, la XX Feria Internacional del Libro de La Habana comenzó a todo trapo con jornadas maratónicas para los miles de cubanos que quieren comprar las últimas novedades literarias y disfrutar el amplio programa cultural -no solo de libros se trata la cosa- que se prolongará hasta el 6 de marzo.

Como Cuba está inmersa en cambios, reformas o actualización, da igual, la feria no se ha quedado al margen, a juzgar por lo dicho desde el mismo día de la arrancada por los autores homenajeados.

Así, tras las palabras formales de la presidenta del Instituto Cubano del Libro, Zuleica Romay, quien destacó, cosa que es cierta, que en medio de la crisis financiera internacional la feria en la isla crece y se multiplica, el escritor Jaime Sarusky recordó como a fines de la década del 40 y principios del 50 del siglo pasado solo en tres o cuatro mesas mal iluminadas del Parque Central habanero se mostraban y vendían libros de editoriales de México, Argentina y España.

Dijo que durante aquellos tiempos, las miserias de la realidad cultural convertían al escritor en un don nadie, en aspirante a una realización imposible, y que tuvo que triunfar la Revolución para que autores como Alejo Carpentier vieran sus textos impresos en el país.

Pero acto seguido mencionó los años de censura y prohibiciones que marcaron la creación intelectual cubana, sobre todo en el llamado «quinquenio gris» de 1971 a 1975 y advirtió que hemos madurado y que quisiera pensar a que se prolongue en el tiempo la atmósfera de trabajo sin reservas, ni recelos.

Por su parte, el ensayista y filósofo Fernando Martínez Heredia hizo un esbozo de su trayectoria centrada en los estudios de los procesos de la Revolución cubana y de América Latina y dijo sentirse orgulloso de ser hijo de un pueblo «que jamás permitirá la alianza del nepotismo de los pequeños y del imperio del dinero».

Sin embargo, puntualizó que será muy difícil aplicar las transformaciones que adelanta el gobierno pues «hoy las palabras bullen, pero los hechos renquean», y dio el puntillazo al asegurar que «tenemos una escandalosa necesidad de ideas».

En fin, una de cal otra de arena, que de seguro le habrán dado cierta picazón a algunos de los representantes oficiales presentes en la inauguración.

Pero más allá del debate político, nadie duda que la feria es todo un acontecimiento que este año presenta a 158 editoriales extranjeras y nacionales y más de seis millones de ejemplares y dos mil títulos puestos a disposición de los lectores durante 25 días ininterrumpidos.

Es cierto que para muchos cubanos buena parte de los volúmenes resultan demasiado grandes para su billetera, pero como en esta vida todo es relativo, también es fácil encontrar a visitantes extranjeros que literalmente arrasan con todo lo que encuentran a su paso porque los precios ni se acercan a los de sus respectivos países.

En este punto Radio Bemba recuerda los tiempos cuando en Cuba leer era un pasatiempo de casi todos, pues era raro encontrar un libro de más de cinco pesos cubanos, aunque ciertamente, sin el lujo de impresión de algunas casas editoras extranjeras.

¿Qué cubano no recuerda las Ediciones Huracán?

Nunca hubo nombre más apropiado, o quizá más contradictorio, pues a medida que usted iba pasando las páginas de aquellos impresos en papel de tercera, casi siempre estas se iban despegando una a una y había que andar con cuidado con la menor ráfaga de viento, so pena de tener que correr a recuperar la mitad del libro dos cuadras más adelante. Pero con aquellos «huracanes» media Cuba leyó a Poe, Hemingway, García Márquez, Shólojov, Baroja y un larguísimo etcétera.

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