Quizá porque está a medio camino entre La Habana y la famosa playa de Varadero, mucha gente pasa por la ciudad de Matanzas casi sin mirar, pendientes solo de encontrar donde echar gasolina y tomar algún refresco para seguir viaje en una u otra dirección, reparando apenas en la ancha y hermosa bahía y sin saber qué se pierden. Quizá porque está a medio camino entre La Habana y la famosa playa de Varadero, mucha gente pasa por la ciudad de Matanzas casi sin mirar, pendientes solo de encontrar donde echar gasolina y tomar algún refresco para seguir viaje en una u otra dirección, reparando apenas en la ancha y hermosa bahía y sin saber qué se pierden.
Porque Matanzas, llamada indistintamente la Atenas de Cuba, la Ciudad de los Puentes, o de los ríos, además de estar rodeada de abundantes bellezas naturales, ofrece a los visitantes sitios de gran valor histórico y arquitectónico.
La Plaza de la Vigía, el lugar más antiguo de la ciudad, fue el asiento de la primera Plaza de Armas de la villa, donde el 12 de octubre de 1693 una treintena de familias procedentes de Islas Canarias fundaron la localidad.
Entre sus edificios más importantes cuenta con el teatro Sauto, coliseo de excelentes condiciones acústicas terminado el 6 de abril de 1873; el Palacio de Junco (Museo Provincial), la Estación de Bomberos y la Alcaldía.
Si el visitante se adentra por las arterias centrales de Contreras o Milanés, se encuentra con el Parque de la Libertad, la segunda plaza de Armas, con una escultura de gran importancia: la estatua de José Martí y una representación de La Libertad rompiendo las cadenas, erigida a principios del siglo XX.
Alrededor se hallan la sala de conciertos José White, donde se tocó por primera vez el danzón, baile nacional; el Museo Farmacéutico, único de su tipo en Latinoamérica; la biblioteca Gener y del Monte y el Palacio de Gobierno Provincial.
Otro punto característico de la ciudad es el Mirador de Monserrate, lugar ideal para contemplar el majestuoso Valle del Yumurí. Su denominación está vinculada a la Ermita de Monserrate, edificada en 1875 por la comunidad catalana, que desde esa fecha realizaba romerías hacia el aposento.
Es imposible hablar de Matanzas sin mencionar la Cueva de Bellamar, descubierta en 1861 y ubicada en una de las colinas que dominan la bahía.
Estalactitas, estalagmitas y otras formaciones calcáreas asumieron a lo largo de miles de años caprichosas formas que provocaron no menos singulares denominaciones, como El Manto de Colón, la Virgen con el Niño, el Nido de la Lechuza, la Garganta del Tigre, los Doce Apóstoles y la piedra Si me tocas no me olvidas.
A juicio de historiadores es obligada referencia el Castillo de San Severino, considerado un ejemplo de las construcciones militares de la región del Caribe. Su edificón duró medio siglo, hasta ser inaugurado en 1734 como parte del cinturón militar de protección de la ciudad, y en la actualidad, por su significado, se incluyó en el programa de la Unesco «La ruta del esclavo».
Por ser atravesada por los ríos Yumurí, San Juan y Canímar, a Matanzas se le conoce como la ciudad de los puentes, de los cuales los tres más importantes llevan los nombres de generales mambises del siglo XIX que lucharon por la libertad de la Isla en el siglo XIX: Calixto García, Silverio Sánchez Figueras y José Lacret Morlot.
Este último, además de su bella arquitectura, cuyas piedras dejan ver el paso de los años, se encuentra cerca del estuario matancero, donde ocurrió el primer acto de rebeldía de los aborígenes cubanos en 1510, que terminó con la matanza de los sublevados y dio definitivamente el nombre a la naciente ciudad y por extensión a la provincia de la cual es capital.



