Ausencia no quiere decir olvido

Radio Bemba

Las estrofas de una vieja canción cubana rezan aquello de que «Ausencia quiere decir olvido»… Pero a veces sucede todo lo contrario, como ahora, en La Habana, donde cada vez con más fuerza todos los comentarios, cualquiera que sea el tema, van a parar en algún momento a una pregunta: «Y Fidel, ¿dónde está?» Las estrofas de una vieja canción cubana rezan aquello de que «Ausencia quiere decir olvido»… Pero a veces sucede todo lo contrario, como ahora, en La Habana, donde cada vez con más fuerza todos los comentarios, cualquiera que sea el tema, van a parar en algún momento a una pregunta: «Y Fidel, ¿dónde está?»

Sus detractores, que no le pierden ni pie ni pisada, dicen que ya hace un año que no se sabe de él. La mayoría de la gente, ya acostumbrada a largas desapariciones y reapariciones inesperadas del Comandante, casi no lo habían notado.

Pero la ausencia comenzó a sentirse con demasiada fuerza a partir del 17 de diciembre, cuando los presidentes Raúl Castro y Barck Obama asombraron al mundo entero al anunciar el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos y la liberación por ambas partes de un grupo de presos.

Cuando los últimos tres de los cinco agentes de la Seguridad cubana que llevaban más de 16 años en cárceles norteamericanas aparecieron en La Habana y fueron recibidos por Raúl Castro, todo el mundo esperaba ver de un momento a otro las imágenes de su encuentro con el líder histórico, que al fín y al cabo fue quien durante muchos años llevó la voz cantante en las campañas por su liberación. Pero pasaron los días y nada.

Algunos, para quienes él sigue siendo el Comandante en Jefe, aseguraban que ello se debía «posiblemente, para no quitarle el protagonismo a Raúl».

Otros afirmaban que «seguro está al caer alguna Reflexión en el Granma para hablar sobre el futuro de las relaciones con los yanquis», pero se quedaron esperando el escrito del Comandante y, ahora concluyen que «ya tenía tiempo más que suficiente para haber dicho algo, y nadie mejor que él, que batalló tanto contra el bloqueo».

Y los comentarios ruedan como bolas de nieve: Hay quienes dicen, siempre aludiendo a terceras y cuartas personas que se lo contaron, «que está en cama, muy malito»; otros dicen en tono que deja margen a cualquier interpretación «que la cosa pinta mal», y no faltan quienes le achacan dolencias específicas que le impiden salir en público.

También hay quienes, con una dosis de mala intensión, aseguran que «hace tiempo murió pero están esperando de seguro un momento más propicio para informarlo», argumento que no encuentra respuesta a la interrogante de «¿Cuál es ese momento propicio? Porque ya pasaron hasta las fiestas de fin de año».

Y a nivel de los comentarios, otros al parecer más despistados susurran con temor que «Si Fidel desaparece, aquí se va a acabar el mundo»; aunque siempre encuentran quienes les refrescan la memoria advirtiendo que «cuando se enfermó ya hace seis años y dejó todos los cargos no pasó nada y el cuartico siguió igualito».

Pero cualquiera que sea el tono, el cuchicheo sigue y aumenta, y engorda con el silencio de las autoridades que parece no tener el menor resquicio, lo que induce a otros a pensar que «si lo han matado tantas veces, no se puede descartar que el día menos pensado aparezca de nuevo», mientras que los menos propensos a las elucubraciones advierten con un suspiro de resignación que «en este mundo, para semilla nadie se queda» o que «con la vida que ha llevado, ya son muchos años y en algún momento tiene que descansar».

Lo que sí parece irrebatible, a estas alturas, es que, al menos en este caso, ausencia no quiere decir olvido.

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