La Habana celebra cumpleaños este 16 de noviembre, aunque serían necesarios una enorme tarta para colocar 492 velitas y un huracán para apagarlas todas de una vez. La Habana celebra cumpleaños este 16 de noviembre, aunque serían necesarios una enorme tarta para colocar 492 velitas y un huracán para apagarlas todas de una vez. Como cada año, las instituciones de la urbe, y en especial la Oficina del Historiador de la Ciudad, organizan toda una jornada de actividades para la conmemoración, aunque no cabe dudas que la más simbólica de todas es la que realizan cientos de habaneros la noche en vísperas de la celebración. Seguramente son los más amantes de su ciudad, quienes sin pensar en los problemas del transporte acuden desde los barrios más alejados a visitar El Templete, una pequeña edificación erigida en la Plaza de Armas de La Habana Vieja, en 1827. Dicen los que saben, que el Templete fue la primera construcción de carácter neoclásico de La Habana, y, a pesar de su sencillez y pequeñas dimensiones, una de las obras civiles que más ha influido en la arquitectura de Cuba. Tiene la forma de templo griego, con la fachada conformada por un pórtico de seis columnas dóricas, sosteniendo un friso decorado. Según la leyenda, en ese justo lugar se fundó la villa de San Cristóbal de La Habana en 1519, precisamente a la sombra de una ceiba. La original se secó hace mucho, luego fue sustituida por otras, hasta la actual, sembrada en 1960.
La tradición indica que la noche del 15 de noviembre los visitantes deben dar tres vueltas alrededor del ancho tronco, tirar alguna moneda a sus raíces y pedir un deseo. Y cada año, llueve, truene o relampaguee, cumplen el ritual los muchos que aman a la ciudad.



