Calentando motores para el festival

Si el béisbol, o simplemente la pelota, como se dice aquí, tendrá alborotados a los cubanos desde ahora hasta mediados del 2011, durante mucho menos tiempo, pero casi con igual intensidad, miles se disponen a disfrutar de una nueva edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se celebra en La Habana pero extiende sus sedes a otras ciudades importantes del país y que este año cuenta con una cifra récord de más de 500 películas de todas partes. Si el béisbol, o simplemente la pelota, como se dice aquí, tendrá alborotados a los cubanos desde ahora hasta mediados del 2011, durante mucho menos tiempo, pero casi con igual intensidad, miles se disponen a disfrutar de una nueva edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se celebra en La Habana pero extiende sus sedes a otras ciudades importantes del país y que este año cuenta con una cifra récord de más de 500 películas de todas partes.

El maratón para cinéfilos se realizará del 2 al 12 de diciembre y tendrá como países más representados a Argentina, México y Cuba, con decenas de producciones por cada uno, tanto en competencia por los premios Coral como en las muestras paralelas; pero también estarán las mejores cintas de toda América Latina en el último año, gran parte de Europa, alguna que otra obra del buen cine de Estados Unidos y hasta «raras avis» de Asia y África. Para gustos, colores.

Los cubanos siempre han sido amantes del cine, pero la crisis económica que se inició en los años 90 también afectó no solo la producción nacional, que cayó en picada, sino las salas de proyección, que no se cayeron de milagro, pero quedaron vacías pues la gente dejó de asistir porque los estrenos eran cada vez menos, por temor a los apagones que podían dejarlos a oscuras en el mejor momento de la película, la falta de aire acondicionado y las cada vez peores condiciones de los cines, en muchos de los cuales ya era casi misión imposible encontrar una butaca sana donde sentarse y muy fácil, en cambio, compartir la oscuridad con los murciélagos. Pero el festival se mantuvo contra viento y marea en los pocos cines que aguantaron el temporal y se convirtió en la oportunidad, una vez al año, de «poner al día» con el mundo a los amantes de este arte.

Así, ya son un ritual las kilométricas filas ente las taquillas, y el corre corre de un cine a otro en busca de los títulos más apetecidos. Hay quienes piden vacaciones por estos días para dedicarse a tiempo completo a ver cine, desde la mañana a la madrugada, y terminan blancos y ojerosos como vampiros, y los más prácticos compran un «pasaporte», es decir, una entrada con la cual, por 20 pesos cubanos pueden ver 10 películas, cualquier día, a cualquier hora, en cualquier cine.

Y así transcurre el festival de La Habana, que ni de lejos tiene el glamur de Cannes o Venecia, ni la lluvia de luminarias de los Oscar, porque no hay ni alfombra roja, aunque sí aparecen, fugaces, algunas estrellas que, según confiesan, ¡Oh, sorpresa! vienen a ver buen cine y a intercambiar con gente de ese mundo, menos brillantes sí, pero con ideas.

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