“Esto es lo único que nunca falta en este país y hay para todos y gratis», dice Gilberto, abanicándose con un periódico mientras con la otra va colocando las fichas de dominó.
Su pareja y sus contrarios, todos parapetados con mesa y sillas plásticas en el único rincón de sombra en el portal de la casa, lo respaldan con bufidos y comentarios similares.
“Yo no sé a dónde vamos a parar, pero el cambio climático nos va a llevar al trote”, dice Walfrido, mientras Carlitos, sin parar de secarse el sudor con una toallita, repite lo que ya todos saben:
“¿No oyeron a Rubiera, el de Meteorología? Nunca en La Habana hemos tenido en este mes tres días seguidos con más de 35 grados desde que se mide la temperatura en el país, y eso que estamos en abril, así que a prepararse para julio y agosto. Mi esperanza es que cuando empiecen las lluvias el tiempo afloje un poco, porque esto no hay quien lo aguante».
Su expresión es la de muchos, que ya prevén un buen chapuzón cuando caiga el primer aguacero de mayo, para ponerse bonitos, como dice la costumbre, y que, de paso, atenúe un poco la sequía que ya está haciendo estragos en varias partes del país.
Esta anécdota fue el último domingo por la tarde, pero las informaciones del noticiero de la noche dejaron claro que el tema va a mayores, pues el propio José Rubiera anunció otro récord en la capital: 37 grados en la estación de Casa Blanca, una temperatura nunca alcanzada en La Habana, en ningún mes, al menos desde que se construyó el Instituto de Meteorología, allá en los primeros años del siglo XX.



