El otro día nos topamos con Cheo el merolico, que alejando por un instante de sus negocios, estaba sentado en un contén sacando cuentas. El otro día nos topamos con Cheo el merolico, que alejando por un instante de sus negocios, estaba sentado en un contén sacando cuentas. Hay que recordar que Cheo estudió varios semestres de Licenciatura en Economía, pero como lo suyo no era aquello, la dejó a mitad de camino, aunque no se le olvidó todo lo que aprendió y de vez en cuando lo aprovecha.
Esta vez andaba sacando cuentas sobre una nota que leyó en la prensa según la cual entre enero y junio de este año aumentó ligeramente en Cuba la transportación de pasajeros y cargas, al compararla con igual período de 2011, afirmación que a Cheo no le cabe en la cabeza, «porque el transporte está de madre».
«Pero bueno -dice-, eso es lo de menos. Resulta que la ONEI (la Oficina Nacional de Estadística e Información) dice que se transportaron 787,3 millones de personas, y de esa gente, los autobuses públicos movieron alrededor del 43 por ciento, y los privados al 39,3».
«¡Y ahí es donde la cuenta no me da compadre!, porque suponiendo que todo el mundo pagara las guaguas, que no es así, cada uno soltaría un peso cuando más, mientras que en los taxis, sí todo el mundo tiene que pagar y cuestan por lo menos a 10 pesos por personas».
«Eso no lo dice la ONEI, pero no hay que ser matemático para entender que los privados recaudaron cuando menos, ocho meces más que el Estado. ¡Chúpate esa socio!»-dice Cheo con un gesto de superioridad, orgulloso de sus conocimientos en materia de finanzas. Y a nosotros, que no habíamos pensado en eso, no nos queda más remedio que mirarnos, rascarnos la mollera, y decidir si cogemos un taxi para ir al Vedado, o esperamos a que a la ruta 174 se acuerde de pasar…



