¿CÓMO ANDAN LAS REFORMAS?

La cosa marcha más o menos rápido, y en un ambiente de euforia para algunos, suspicacias para otros y curiosidad para los más, en pocas semanas algunas calles de La Habana han comenzado a cambiar su fisonomía a golpe de sombrillas de colores, toldos llamativos, «timbiriches» de todo tipo y un montón de vendedores que pregonan sus productos a todo pecho a los cuatro vientos. La cosa marcha más o menos rápido, y en un ambiente de euforia para algunos, suspicacias para otros y curiosidad para los más, en pocas semanas algunas calles de La Habana han comenzado a cambiar su fisonomía a golpe de sombrillas de colores, toldos llamativos, «timbiriches» de todo tipo y un montón de vendedores que pregonan sus productos a todo pecho a los cuatro vientos.

Hay de todo como en botica.

Así, uno de los lugares que más ha llamado la atención es el restaurante ‘Ha­báname’, por su ubicación privilegiada a pocos metros de 23 y G, una de las esquinas más conocidas de La Habana, lo acogedor del lugar y un menú con todas las de la ley, aunque con precios, eso sí, que andan lejos del bolsillo de cualquier cubano, pero que fácilmente satisfacen a los cientos de turistas que pululan por la zona.

Incluso ‘La Guarida’, un clásico de los «paladares» cubanos, que había cerrado hace más de un año por la presión de tantos impuestos y trabas, reabrió sus puertas con nuevos bríos, remozada, con más mesas y más empleados y un menú ampliado.

Otros, a pesar de tener menos recursos materiales y limitado «espíritu de empresa», se han decidido también a lanzarse «con la guagua andando» como se dice por estas tierras, y han abierto timbirichitos mucho más modestos, con letreritos -que con frecuencia muestran alguna «errata» que pondría los pelos de punta a los señores de la RAE-, en los que anuncian sus productos: pan con croqueta, tortilla, pan con bisté, café, refrescos…a precios por supuesto más llevaderos.

Pero también los negocios florecen en muchas variantes, incluido el alquiler de habitaciones o viviendas enteras, de taxis o la venta de artículos de todo tipo.

Así, en un mismo mostrador usted puede encontrar lo más insospechado, desde tornillos y tuercas, esmalte de uñas y máquinas de afeitar, hasta juguetes, bóxers de reconocidas marcas falsificadas y frascos de desengrasante para la cocina, casi todo «de afuera».

Algunos nuevos empresarios han preferido la «especialización», como los que se dedican a la venta de la parafernalia requerida para los «trabajos» de la santería.

Otros le montan a usted una boda completa y le garantizan desde las invitaciones, pasando por la música, la tarta, los globos y las flores, hasta las fotos y la película de vídeo para el recuerdo. De casualidad no le ponen la novia o el novio, pero si lo pide…

Incluso han proliferado los vendedores de discos piratas, de manera legal, que matarían de envidia a los top manta de cualquier ciudad española y que incluyen en sus «ofertas» música internacional, exitosas series extranjeras, los peores culebrones mexicanos y todo cine, desde clásicos hasta películas cubanas recién estrenadas en La Habana.

Radio Bemba tiene un vecino que por tres mil pesos compró un chivo viejo con coche incluido en el que caben diez niños. En pocos días se ha hecho famoso en el barrio con su campana y su chivo con los cuernos pintados de rojo.

El hombre -y el chivo- largan las patas calle arriba y calle abajo, pero en cada vueltita gana 30 pesos cubanos. En cien vueltitas recupera la inversión, y paga de licencia, al mes, 60 pesos.

Estas son algunas de las expresiones de las reformas que se impulsan en el país y que van cambiando cosas, incluso muchas más de lo que dicen las apariencias.

Por cierto, la burocracia se aferra y trata de que las cosas no cambien, pero cada vez es mayor la ojeriza hacia aquellos que en vez de facilitar las cosas tratan de poner piedras en el camino, y hasta la prensa local, tan dada a los silencios y omisiones, ya le enfiló los cañones.

Desde las más altas esferas del gobierno se dice ahora que ser «cuentapropista», es decir trabajador autónomo, no es sinónimo de delincuente sino de gente emprendedora, y hasta la Iglesia Católica se ha montado en el carro (no en el del chivo) y llamó a los cubanos a tener comprensión ante la posibilidad del surgimiento de nuevos ricos y de la profundización de desigualdades sociales, con el argumento, convincente, de que la pobreza y no la riqueza constituye un serio problema para el país.

Pero es el comienzo. Habrá que ver como se mueve la competencia y quienes sobrevivirán, que en opinión de Radio Bemba serán aquellos que están seguros de que con un coche o un timbiriche nadie se hace rico, aunque no pocos se creen ese cuento, y que habrá que «lucharla» de verdad, sobre todo cuando se incremente el número de personas que, como se ha anunciado, quedarán sin trabajo en los próximos tres años.

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