Cómo maltratar el idioma

Con los cambios que se anuncian en la isla el idioma también se transforma con términos empleados por los economistas, verdaderos inventores de palabras, o vocablos acuñados a su buen saber y entender por las autoridades, y como es lógico, los aportados por la gente común y corriente, que a la larga es la que enriquece la lengua de Cervantes. Con los cambios que se anuncian en la isla el idioma también se transforma con términos empleados por los economistas, verdaderos inventores de palabras, o vocablos acuñados a su buen saber y entender por las autoridades, y como es lógico, los aportados por la gente común y corriente, que a la larga es la que enriquece la lengua de Cervantes.

Así, cobra nueva vida la palabra cuentapropista, que no aparece en diccionario alguno, pero posiblemente sea la más escuchada hoy en Cuba.

Las autoridades, por su parte, insisten en que lo que sucede en la mayor de las Antillas es una «actualización» del modelo eco­nó­mico, no son cambios, ni transformaciones, ni reformas, ni modernización, ni renovación, nada de eso: es solo actualización, y para ellos, que al parecer no acudieron al mata burros, la palabrita es única, sin sinónimos ni nada que se le parezca. No obstante muchos en Radio bemba piensan que actualizar implica de alguna forma cambiar, porque si no, ¿Cómo actualizar algo sin que cambie al menos un ápice? Alguien fue más lejos y concluyó: Si una vieja se hace una cirugía estética, se actualiza, es decir, cambia, se ve más joven e incluso bonita, al menos mientras no se le estiren las costuras y a pesar de que en el fondo siga siendo tan vieja como antes. Aunque, bueno, eso conllevaría otros agudos análisis entre los burócratas.

Pero hay también una realidad: si se lee detenidamente los Lineamientos…, resulta que muchas de las cosas que plantean, en alguna medida fueron propuestas, aplicadas e incluso practicadas en la isla en otros momentos, aunque después, por infinitos motivos, fueran dejadas a un lado. En ese caso, dicen algunos, deberían emplear la palabra rectificación, pero como esta ya la utilizaron una vez hasta el cansancio y todo se quedó a mitad de camino, los hacedores del lenguaje burocrático tal vez no quieran armar un arroz con mango en las entendederas de los cubanos, ya bastante preocupados y ocupados con lo que se les viene encima.

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