Esto está con las patas para arriba, es el comentario que desde hace semanas, o meses, lanza Lala al viento cada vez que baja de «su palomar» en un quinto piso de una de las calles de La Habana vieja, pues lo primero que se tropieza es con una profunda zanja a todo lo largo de la cuadra, lomas de tierra y montones de «chinas pelonas» de los tiempos en que su calle estaba empedrada. Esto está con las patas para arriba, es el comentario que desde hace semanas, o meses, lanza Lala al viento cada vez que baja de «su palomar» en un quinto piso de una de las calles de La Habana vieja, pues lo primero que se tropieza es con una profunda zanja a todo lo largo de la cuadra, lomas de tierra y montones de «chinas pelonas» de los tiempos en que su calle estaba empedrada. El mismo paisaje se lo encontrarán quienes visiten el casco histórico y se les ocurra transitar por no pocas de sus callejuelas, sobre todo en la zona de la Plaza Vieja. Podrán contemplar las hermosas construcciones coloniales, apreciar sus museos, comprar artesanías y disfrutar un buen almuerzo en una paladar (restaurante privado) o en uno de Habaguanex, la empresa que lo regenta casi todo en la zona, pero al regreso a casa, si se miran en un espejo, parecerán recién llegados de un campo de batalla, con polvo y tierra hasta en las pestañas. Muchos vecinos andan protestones, porque les falta el agua a cada rato, el gas «de la calle» falla, o se les va la luz, y hasta los teléfonos andan medio locos, y aunque el avance de quienes abren y tapan zanjas se aprecia, muchos dicen que esto es «lo de nunca acabar». Lo que está en marcha es un proceso de modernización y mantenimiento de las redes, que en esa parte de la ciudad están soterradas, y a la larga, aseguran los implicados en el trabajo, los habitantes de toda la zona verán mejoradas sus condiciones de vida, con un servicio eléctrico más seguro y eficiente, y «más fuerza» en el abastecimiento del gas y del agua. Con esa esperanza, Lala y todos sus vecinos afirman entre dientes que «no queda otra que aguantar callados» y cierran puertas y ventanas, aunque se mueran de calor, para que el polvo no se les meta en la casa, aunque a la larga se cuela por cualquier rendija. Pero a pesar de la conformidad en espera de los beneficios prometidos, se dice que el berrinche de muchos ha sido tal que por eso en las últimas elecciones para diputados, los candidatos de una de las circunscripciones afectadas por las obras, incluido Eusebio Leal, el querido Historiador de la Ciudad, fueron quienes más baja votación recibieron en todo el país. Las redes soterradas fueron instaladas hace más de un siglo, sin que al parecer nadie se acordara de ellas hasta ahora, así que son tantos los rotos y descosidos que hay bastante trabajo por delante, y luego, rellenar los huecos y volver a colocar los adoquines, para que La Habana Vieja siga pareciendo como detenida en la época en que Madrid todavía era la metrópoli.



