El pianista, percusionista, compositor y arreglista Robertico Carcassés dio hace pocas semanas un «patinazo» en pleno Malecón de La Habana y trasmitido en vivo y directo por la televisión a todo el país, que estuvo a punto de costarle su carrera artística y su ganada de fama de músico de vanguardia en el panorama artístico de la isla. El pianista, percusionista, compositor y arreglista Robertico Carcassés dio hace pocas semanas un «patinazo» en pleno Malecón de La Habana y trasmitido en vivo y directo por la televisión a todo el país, que estuvo a punto de costarle su carrera artística y su ganada de fama de músico de vanguardia en el panorama artístico de la isla.
Sin embargo, todo indica que el hijo del famoso jazzista Boby Carcassés logró salir indemne de lo que parecía un tsunami que se le venía encima, tras protagonizar una de las más sonadas controversias de los últimos años en el mundillo intelectual cubano.
La polémica la desató al hacer una serie de reclamos durante un concierto celebrado el 12 de septiembre con la participación de decenas de artistas, en la denominada Tribuna Antiimperialista, ubicada a un costado de la Sección de Intereses de Estados Unidos.
El concierto fue nada menos que el momento culminante de una jornada nacional para reclamar la liberación de cinco agentes cubanos presos en Estados Unidos desde hace 15 años y que fueron condenados a enormes penas de cárcel en un juicio que especialistas de medio mundo en temas jurídicos e incluso la ONU han considerado «amañado».
A pesar de una campaña de años por su liberación, cuatro de ellos siguen presos en cárceles de máxima seguridad, y solo uno, René González, logró retornar a Cuba tras 14 años de prisión, más de dos bajo «libertad supervisada» y renunciar a su ciudadanía estadounidense.
Ese día, precisamente, se conmemoraban 15 años de que hubieran sido detenidos, y para recordarlo, cientos de miles de cubanos salieron a la calle con lazos amarillos que también fueron atados en árboles, ventanas, puertas y balcones, las antenas de automóviles y hasta uno enorme, en la farola del Morro de La Habana.
Pero en medio del simbolismo de la fecha Robertico aprovechó ese especial escenario durante la actuación de su grupo «Interactivo», para reclamar a viva voz y entre un estribillo y otro, el «Libre acceso a la información, para tener yo mi propia opinión…»; «Elegir al presidente, por voto directo, no por otra vía…»; «Que se acabe el bloqueo y el auto bloqueo…»; «Ni militantes ni disidentes, todos cubanos con los mismos derechos» aunque también exigió reiteradamente «Que liberen a los Cinco» pero además «que liberen a María» (marihuana) y llegó incluso a pedir a grito limpio que acabaran de venderle el automóvil que tiene solicitado desde hace tiempo.
Aparentemente, los dislates pasaron inadvertidos. La multitud que asistió al concierto no le hizo el menor caso en medio del maremágnum de salsa, reguetón y nueva trova. Aunque el maratón musical fue trasmitido por la televisión a todo el país, a las altas horas de la noche en que Robertico lanzó sus consignas la mayoría de quienes lo habían sintonizado en sus casas ya se habían ido a la cama, y ni los disidentes se enteraron pues a ninguno se le iba a ocurrir ver un espectáculo con tal carga política antiyanki.
Pero al día siguiente, según relató Carcassés en Facebook, un funcionario del Ministerio de Cultura le anunció la imposición de una sanción por tiempo indefinido por haber tenido un comportamiento que «no se avenía con la línea de la Revolución» y que había sido oportunista, consistente en suprimir todas sus presentaciones en los espacios de esa institución.
Mientras, en sus respectivas páginas web o mediante correos electrónicos, numerosos artistas deploraron con calificativos más o menos duros la actitud de Robertico, aunque otros salieron en su defensa, no tanto por sus expresiones, criticadas casi unánimemente, sino por la sanción que estaba volando sobre su cabeza.
Algunos calificaron los hechos como una indelicadeza del músico, mientras otros olfatearon que la actitud del músico iba más allá de un lamentable despiste y hubo hasta quienes expresaron claramente que Robertico había pasado «una dura noche con María».
Pero su suerte al parecer cambió cuando el cantautor Silvio Rodríguez, un icono de la música dentro de Cuba, reprobó en su blog «Segunda Cita» la actitud del cantante y compositor pero también calificó la sanción como un «acto represivo».
De paso, subió la parada al invitar a Carcassés a actuar junto a él en un concierto el 21 de septiembre en una barriada de La Habana, actitud que también fue criticada en algunos blogs y mensajes electrónicos.
Pero Silvio, que es Silvio, realizó su concierto y cantó precisamente el tema Segunda cita acompañado al piano por Carcassés, quien luego interpretó otras dos piezas instrumentales apoyado por otros músicos.
Finalmente la polémica parece haber quedado zanjada después de que las autoridades culturales reconsideraran su decisión y anunciaran al propio Carcassés la retirada de la sanción y de su veto en el circuito oficial de espectáculos.
El mismo Carcassés explicó a medios de prensa que mantuvo una reunión con autoridades del Ministerio de Cultura y «se habló de que esa sanción iba a ser revocada».
La primera noticia sobre esa reunión trascendió en el blog personal Silvio, quien dijo que las conversaciones «fueron tan positivas que han decidido dejar sin efecto la sanción» y concluyó salomónicamente con un «dicen que la gente hablando se entiende. Ojalá así sea siempre».
«Quizás me equivoqué al esperar que mis palabras dieran una imagen de tolerancia y evolución del gobierno cubano. También creo haberme equivocado al comprometer a mis compañeros de grupo en algo que pueden o no estar de acuerdo», expresó Carcassés quien, de paso, insistió en su respaldo a la causa la liberación de los Cinco agentes «por lo que de inhumano tiene su encarcelamiento».
Como dijera acertadamente uno de los participantes en la polémica, tanto revuelo no sería tal noticia en ninguna otra nación, pero Cuba es un país muy complicado, y «el asunto va más allá, detrás del suceso se esconde un debate nacional sobre transformaciones políticas, niveles de tolerancia y principios que son sagrados» para los cubanos.



