Después de los actos realizados en Caracas para despedir al fallecido presidente Hugo Chávez, posiblemente los más sentidos y multitudinarios fueron los que le tributaron los cubanos, prácticamente en todas las ciudades del país. Después de los actos realizados en Caracas para despedir al fallecido presidente Hugo Chávez, posiblemente los más sentidos y multitudinarios fueron los que le tributaron los cubanos, prácticamente en todas las ciudades del país.
Tras el anuncio del deceso de Chávez el pasado 5 de marzo, el gobierno de la isla declaró dos días de duelo oficial y uno nacional, y el jueves, decenas de miles de personas, lo mismo en La Habana que en las capitales de provincias, hicieron largas filas desde las ocho de la mañana hasta bien entrada la noche, para rendirle homenaje, ya fuera en la base al monumento a José Martí, en la Plaza de la Revolución, o en sitios emblemáticos de las demás ciudades.
El presidente Cubano, Raúl Castro, viajó el jueves por la tarde a Caracas, para sumarse a los jefes de Estado que acudieron a las exequias.
Para los más inclinados a la política, Chávez es el artífice de los procesos de integración que se llevan a cabo en América Latina. Unos apuntan a la ayuda internacional que ha brindado, no solo a Cuba, pues el petróleo a precios preferenciales lo reciben más de diez países. A algunos no les agradaba mucho su discurso indetenible «pues cuando comenzaba a hablar no tenía para cuando acabar, y a veces se le iba un poco la lengua», y la mayoría reconoce la entereza con que asumió su enfermedad.
En resumen, el sentimiento de pérdida ha sido sincero, y los más viejos lo comparan solo con la solemnidad de la velada dedicada al Che Guevara tras conocerse su muerte en Bolivia en 1968.
Sin embargo, a pesar de la magnitud del homenaje oficial y popular, a muchos no le pareció suficiente.
«¿Dónde está Raúl que no acaba de ir para Venezuela»? era la pregunta que muchos se hacían tras ver por la televisión que el boliviano Evo Morales y la argentina Cristina Fernández acudieron de inmediato a Caracas. Y solo se sintieron un poco más conformes cuando al fin se anunció la llegada del presidente cubano a la capital venezolana.
Muchos incluso no dudaron de que Fidel Castro sería capaz de aparecerse en los funerales, aunque para otros eso sería una locura, pero aseguraban al mismo tiempo que «él sería muy capaz».
Finalmente no fue, pero a nivel de calle quedó la duda sobre el impacto que la muerte de su principal discípulo habría podido ejercer sobre el Comandante, pues este, contra lo esperado por todos, hizo mutis, aunque muchos insistían en que aparecería con alguna de sus Reflexiones, dedicada al extinto mandatario.
La preocupación se disipó solo el lunes 11, cuando Granma publicó un sobrio escrito en el que Fidel Castro calificó al finado como «el mejor amigo de Cuba».
También primó la preocupación sobre el futuro del país sudamericano, que desde que Chávez llegó al poder hace 14 años, se fue imbricando cada vez más al de Cuba, sobre todo en lo económico.
«Si Chávez se nos va, me veo con los apagones del período especial», era el comentario de Andrea, una ama de casa, cuando todavía la muerte era solo una posibilidad, y ahora sigue con la misma preocupación.
«Esperemos que Maduro gane las elecciones, porque si no…» y esos puntos suspensivos son los que se mantienen en espera de los resultados de los comicios del 14 de abril, pues parece que en La Habana, como en Caracas, para muchos funciona aquello de «con Chávez y Maduro, el pueblo está seguro»…



