Aunque por decisión de algún «come candela» The Beatles fueron vistos en Cuba en algún momento como una expresión de la «decadencia capitalista» criterio al cual la mayoría de los jóvenes de aquella época nunca hicieron el menor caso, a estas alturas la historia ha cambiado, y de tal forma que la isla celebró con una semana de conciertos e improvisaciones musicales el 71 cumpleaños de John Lennon, el pasado 9 de octubre. Aunque por decisión de algún «come candela» The Beatles fueron vistos en Cuba en algún momento como una expresión de la «decadencia capitalista» criterio al cual la mayoría de los jóvenes de aquella época nunca hicieron el menor caso, a estas alturas la historia ha cambiado, y de tal forma que la isla celebró con una semana de conciertos e improvisaciones musicales el 71 cumpleaños de John Lennon, el pasado 9 de octubre.
En Cuba, como en todas partes, la beatlemanía floreció en la época de máximo esplendor del grupo, a pesar de las limitaciones de corte ideológico y de la falta de sus vinilos, que muchos se las arreglaron para coleccionarlas, gracias a que los traían de «afuera» o se los enviaban sus parientes emigrados.
Pero como parece ocurrir con casi todo en la isla, a estas alturas la mentalidad ha cambiado tanto que Lennon cuenta con un monumento, a cuya inauguración en el 2000 asistió el mismísimo Fidel Castro.
El fanatismo de algunos provocó que en tres ocasiones desaparecieran las gafas del Lennon de bronce, que estaban simplemente superpuestas en su cara, y hubo que soldarlas, e incluso las autoridades pusieron una discreta guardia en el parque donde se encuentra para evitar que, a falta de los espejuelos, los cacos cargaran con la estatua completa y hasta con el banco donde Lennon permanece sentado.
Para completar, cerca de allí fue abierto hace unos meses el Submarino Amarillo, un bar discoteca donde se escucha casi exclusivamente la música de los muchachos de Liverpool y que se ha convertido para muchos en uno de los sitios favoritos de las noches habaneras.



