¿INGENIERO YO?

Radio Bemba

Allá por los años 80, cuando las cosas en Cuba andaban más o menos al derecho, la aspiración de casi todo el mundo era ser universitario. Allá por los años 80, cuando las cosas en Cuba andaban más o menos al derecho, la aspiración de casi todo el mundo era ser universitario. Hacerse médico, arquitecto y hasta ingeniero nuclear era cuestión de gusto, incluso más que de vocación, y la cuestión material quedaba en segundo plano, pues el dinero alcanza para casi todo.

Pero con la crisis de los 90 se viró la tortilla, la pirámide social se puso boca abajo y todavía hoy sigue en esa incómoda posición.

Por eso en la Cuba de hoy ya muchos jóvenes lo piensan más de tres veces para tras estudiar largos años obtener un título de médico o ingeniero, aunque las universidades siguen abarrotadas, pues hoy el gusto y la vocación no pesan tanto cuando los bolsillos andan vacíos.

¿Cuáles son los mejores empleos entonces?

Pues nada como trabajar en la gastronomía, aunque sea detrás de la barra de un bar, y si es en el turismo mejor. Entre propina y propina, y lo que se pega, da para vivir «como Carmelina» hasta el punto de poder hacerse por la izquierda de un apartamentico, comprar una moto o un almendrón, usar ropas de marca aunque sean made in China y tener el refrigerador a tope.

Semejante suerte corren los «tenderos» de las shoping, los pisteros de las gasolineras y los vendedores de los agromercados, o los que se lanzan al trabajo por cuenta propia con mayor o menor suerte, ya sean taxistas o vendedores de pizzas.

Aunque acceder a los empleos estratégicos no es tan fácil, pues aunque no hay que ir a la universidad, si es obligatorio disponer de plata suficiente para tocar a algún funcionario de vista gorda y comprar la plaza. Dicen en Radio bemba que, por ejemplo, para trabajar en un establecimiento gastronómico de cierto nivel, de 2,000.00 o 3,000.00 pesos no baja, y las cotizaciones de otros puestos se mueven más o menos en el mismo rango. Pero bien vale el esfuerzo, piensan los aspirantes, aunque como la avaricia rompe el saco, algunos metan la mano más de la cuenta y tarde o temprano salgan por el techo…

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