LA «MISTERIOSA» PLAYITA DE 16

Radio Bemba

Los cubanos son fans a la playa y cuentan con verdaderos paraísos de arenas blanquísimas y aguas transparentes, incluso en las cercanías de la capital, sobre todo al este, a donde se vuelcan decenas de miles de personas cada día para mitigar el calor del sofocante verano isleño. Los cubanos son fans a la playa y cuentan con verdaderos paraísos de arenas blanquísimas y aguas transparentes, incluso en las cercanías de la capital, sobre todo al este, a donde se vuelcan decenas de miles de personas cada día para mitigar el calor del sofocante verano isleño. En plena ciudad también son numerosos los «círculos sociales» pertenecientes a los sindicatos, que con precios módicos y playas más o menos aceptables satisfacen las aspiraciones de asueto de muchos. Sin embargo, hay un lugar con un aura especial, de origen desconocido: la Playita de 16. Considerar «eso» una playa es casi un chiste, pues no es otra cosa que un tramo de costa, de arrecife puro, ubicado en la calle Primera, entre 14 y 16, en la elegante barriada de Miramar. En el diente de perro, como denominan los cubanos a esas rocas filosas de los arrecifes, no crece un árbol o palmera que brinde alguna sombra, solo es posible tenderse a tomar el sol si usted tiene vocación de fakir, y hay que bañarse con zapatillas para no ser víctimas de los erizos que pululan en el fondo marino. Sin embargo, en ese «pedacito» de costa se agolpan cientos de personas cada día, desde muy temprano hasta mucho después de la puesta del sol. Algunas viven en los alrededores, pero otras muchas acuden desde los barrios más alejados de la capital, todas encantadas de la vida de estar en ese pequeño infierno habanero. No pregunte por qué, pues no habrá dos respuestas similares. Pero la Playita de 16 tiene onda rara, ambiente indescifrable, misterio… y por eso tiene su público.

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