Radio Bemba no ha podido dar con la clave de si se trata de una moda o de un cambio de mentalidad de los cubanos, pero el caso es que desde hace un tiempo son cada vez más los cubanos, generales, artistas, doctores o simples mortales, que cuando les llega la hora prefieren ser incinerados que enterrados «como Dios manda». Radio Bemba no ha podido dar con la clave de si se trata de una moda o de un cambio de mentalidad de los cubanos, pero el caso es que desde hace un tiempo son cada vez más los cubanos, generales, artistas, doctores o simples mortales, que cuando les llega la hora prefieren ser incinerados que enterrados «como Dios manda».
La incineración es lo más común del mundo en muchos países, pero en Cuba hasta hace relativamente poco tiempo era una excentricidad, cuando menos, convertirse por voluntad propia en polvo y cenizas. Ahora, en cambio, las funerarias anuncian el servicio de incineración por 300.00 pesos y a veces hasta hay cola porque los crematorios no dan abasto.
Y como el choteo es filosofía del cubano, sobre este tema existen cuentos antológicos
Se da como totalmente cierta la singular historia de una familia que a principios de los 60 emigró a Estados Unidos. El abuelo, que nunca se adaptó a vivir en «el Norte», se antojó de que lo enterraran en la isla, pero como gracias a «la guerra» entre los dos países lograrlo era misión imposible, los hijos decidieron burlar el cerco y le enviaron a los parientes de La Habana las cenizas del difunto bien embaladas en sobrecitos de nylon camuflados en una caja de alimentos, entre potes de mantequilla de maní, compotas, cereales, gelatinas y otras delicias. Por problemas del correo, la carta en la que avisaban del fúnebre envío llegó después que la carga de provisiones, cuando los familiares habaneros se habían comido al abuelo, al pensar que aquel polvito era para sopa.



