«¿A dónde vamos a llegar?» es la pregunta que María se hace siempre que acude a comprar las comida para la casa en el mercado agropecuario o en los pequeños puestos particulares que se han multiplicado por toda la ciudad. Porque los precios de algunos alimentos siguen para arriba y parece como si no hubiera nada ni nadie capaz de pararlos. «¿A dónde vamos a llegar?» es la pregunta que María se hace siempre que acude a comprar las comida para la casa en el mercado agropecuario o en los pequeños puestos particulares que se han multiplicado por toda la ciudad. Porque los precios de algunos alimentos siguen para arriba y parece como si no hubiera nada ni nadie capaz de pararlos. La libra corta de frijoles colorados, porque los vendedores siempre roban alguna onza, ya va por los 20.00 pesos, igual la de los blancos y los garbanzos «criollos», y por ahora solo se salvan los chícharos (arvejas), que valen solo 3.50 porque como son de importación el estado le pone el precios, y los negros, que son la constante en la cuota de la «libreta». «Pero deja que llegue diciembre y todo el mundo se lance a comprar frijoles negros para la noche buena y fin de año. Se van a poner por las nubes» dice Agustina, otra atribulada ama de casa, para quien ese pronóstico es más seguro que el del estado del tiempo. «¿Y qué tú me dices de la carne de puerco?» le pregunta María para responderse de inmediato: «A finales del año pasado todavía podía encontrarse a 25.00; en las navidades subió a 30.00 y ahí se quedó el resto del año, pero ya va por 35.00 y todavía la gente no se ha lanzado a comprar el puerco de fin de año». Y María, que de todas maneras es de esas cubanas que al mal tiempo siempre termina poniendo buena cara, no termina sin poner el puntillazo: «Quien tú sabes dijo una vez que los frijoles eran más importantes que los cañones, y yo creo que algunos lo siguieron al pie de la letra, porque a este paso, ¡dentro de poco una libra de frijoles va a costar más que un tanque de guerra!»



