Por si acaso…

Aunque el presidente Barack Obama con un simple plumazo extendió por un año más la ley que establece sobre Cuba el bloqueo o embargo, como se le quiera llamar, es posible que afloje la mano en los próximos meses en permitir que todos los estadounidenses, o un grupo de ellos -artistas, académicos, políticos- viaje a la isla, como parte de las medidas que ha ido aplicando para suavizar esa impresentable política, no por buena gente, como dicen muchos cubanos suspicaces, sino para buscar con nuevas formulas la posibilidad de echar abajo el actual sistema político de la isla. Aunque el presidente Barack Obama con un simple plumazo extendió por un año más la ley que establece sobre Cuba el bloqueo o embargo, como se le quiera llamar, es posible que afloje la mano en los próximos meses en permitir que todos los estadounidenses, o un grupo de ellos -artistas, académicos, políticos- viaje a la isla, como parte de las medidas que ha ido aplicando para suavizar esa impresentable política, no por buena gente, como dicen muchos cubanos suspicaces, sino para buscar con nuevas formulas la posibilidad de echar abajo el actual sistema político de la isla.

Las autoridades cubanas parecen dispuestas a asumir el reto de la posible arribazón de visitantes estadounidenses, y a eso se debe, según se comenta, que hayan asumido en medio de las dificultades económicas del país, la reparación de la terminal número dos del aeropuerto internacional José Martí, por donde arriban a Cuba, casi exclusivamente, las personas procedentes de Estados Unidos, en su mayoría los cubanos residentes allí.

Las obras comenzaron sin ninguna divulgación hace unos meses, pero poco a poco la gente ha ido conociendo de los trabajos, sobre todo por los propios cubanos que llegan de Miami y otras ciudades de «la Yuma», quienes cuando aterrizan el primer choque con la tierra añorada lo tienen en las permanentes incomodidades con el servicio de la pequeña terminal, a lo que se suma la nube de polvo y cemento de las construcciones pues las operaciones aeroportuarias continuaron normalmente mientras fue posible, aunque felizmente desde los primeros días de septiembre los vuelos fueron trasladados hasta otra terminal.

Según datos de las autoridades cubanas a mediados del 2010 ya se había duplicado la cifra de cubanos residentes en Estados Unidos que entraron por la terminal 2, en comparación con los que viajaron a la isla en todo 2009, gracias a las medidas de apertura de Obama; pero el Ministerio de Turismo calcula que si se «abre el banderín» para los yanquis legítimos, podrán fácilmente viajar a la isla en el primer año entre 500 mil y un millón.

Si eso ocurre, nada mejor que tener lista la terminal, como puerta de entrada de los norteños al país.

Vale recordar que Obama alivió en 2009 las restricciones que tenían los cubanoestadounidenses para viajar a la isla, quienes ahora pueden visitar a sus familias cada vez que puedan y gastar dólares sin límite, en vez de 14 días cada tres años, como había impuesto el presidente Geor­ge W. Bush.

No obstante, los estadounidenses solo pueden viajar a la isla si consiguen una licencia especial del Depar­tamento de Estado.

En Estados Unidos hay cerca de dos millones de cubanos y familiares, la mayoría en La Florida.

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