Un debate nacional se abre paso en la prensa

La profundidad y trascendencia de los cambios que parecen avecinarse en Cuba es de tal magnitud que más allá de las expresiones y elucubraciones de Radio bemba, no pocos temas han ido ganando espacio en la prensa cubana, poco dada a tratar lo que se mueve en la calle. La profundidad y trascendencia de los cambios que parecen avecinarse en Cuba es de tal magnitud que más allá de las expresiones y elucubraciones de Radio bemba, no pocos temas han ido ganando espacio en la prensa cubana, poco dada a tratar lo que se mueve en la calle.

Pero en los últimos meses las cosas van cambiando, y aunque el triunfalismo y el reflejo de un mundo idílico persisten, van apareciendo en las páginas de los periódicos cubanos no solo las manchas, sino las ideas de gente que expresa sin ambages sus opiniones o ideas de lo que debe ser el país. La muestra es el propio periódico Granma, que cada viernes dedica dos páginas a exponer cartas de los lectores que abordan desde los obstáculos que impone la burocracia a no pocos asuntos cotidianos, hasta criterios de cómo se debe desenvolver la economía y las relaciones de propiedad que deben ir remodelando la estatizada economía de la isla. Algunos dicen en Radio bemba que «total, son cartas escogidas», pero aunque no sean las más fuertes, dicen mucho en una sociedad que hasta el otro día presentó la «unanimidad» como el máximo reflejo del respaldo al proceso político. El último viernes, por ejemplo, el lector N. Labrada Fernández, consideraba que «la organización de la producción y los servicios en pequeña escala, asociado por lo general a la propiedad personal sobre los medios de trabajo, y el trabajo personal y de familiares e incluso asalariados, es una necesidad». Por su parte J. P. Granados aseguraba: «hoy el estado es yunque, pues como responsable de todo, responde por las insuficiencias de todo y se le juzga más por los desaciertos que por los aciertos en el plano nacional, por adeptos e inconformes».

«Soy partidario -añadía- de la creación de la pequeña empresa autofinanciada con capital personal en sectores como el transporte público, el comercio, la gastronomía, la preparación de tierras, la producción agropecuaria, los servicios personales, reparación doméstica y las construcciones por encargo». En tanto, A. Manso Borges fue en su carta más al fondo de los al preguntarse «cuándo los empresarios cubanos tendrán la suficiente independencia de tal forma que no esperen instrucciones de «arriba» sino que utilicen los informes de los balances económicos como un instrumento de trabajo que es; o cuándo los trabajadores podrán decidir si en su centro laboral se arreglará el carro del jefe o se comprarán medios de producción». El diario Juventud Rebelde busca también la manera de lanzarse sobre los asuntos candentes y recientemente uno de sus periodistas estrella, Luis Sexto, señaló en un comentario que «El dogma y el tabú -afines en sus efectos limitadores, aunque no sinónimos estrictos- componen una de las manifestaciones subjetivas que más entorpecen la reacción creadora ante las urgencias de la sociedad cubana».

Y va al grano: «La justicia social, pongamos por ejemplo, no puede ejecutarse si no hay riqueza que repartir, porque la pobreza no es magnitud distribuible, sino realidad por superar hacia su estadio más humano: el bienestar. ¿Busca algo menos el socialismo? Por tanto, sin derivar en la herejía -que a tantos asusta- convengo en que nuestra sociedad tendrá que adoptar decisiones drásticas para hacer funcionar lo que ya no es útil a los intereses del socialismo. Para ello, habrá que dejar los miedos que traban el paso hacia lo racional. Y habrá que potenciar el trabajo por cuenta propia, y el cooperativo, e incrementar los productores y agricultores individuales, como maneras de liberar las fuerzas productivas, y organizar la producción con métodos y sistemas que fijen a los trabajadores al sentimiento de copropiedad por exigencias de un vínculo carnalmente económico y no solo atenido a la exhortación política».

Por ahí suenan los truenos, como dice Radio bemba, y si para muchos hay que aplicar la frase de Fidel Castro «Revolución es cambiar todo lo que tenga que ser cambiado», pero eso sí, con muchos cambios…

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