El Granma lo dijo y Radio bemba en seguida se puso en marcha. De enero a marzo ya suman más de 2.730 las compraventas de viviendas y 8.390 las de autos, mientras las donaciones superan las 10.660 y 6.780, respectivamente. El Granma lo dijo y Radio bemba en seguida se puso en marcha. De enero a marzo ya suman más de 2.730 las compraventas de viviendas y 8.390 las de autos, mientras las donaciones superan las 10.660 y 6.780, respectivamente.
Según las opiniones de Radio bemba, esas cifras no son nada del otro mundo, teniendo en cuenta que desde hace medio siglo no se podía hacer tal cosa, pero todos concuerdan también en que el negocio se mueve, con calma, como tanteando el terreno, no vaya a ser «que de buenas a primeras esta gente quiera dar marcha atrás» y cuando se habla de «esta gente» todo el mundo sabe que la referencia directa son las autoridades.
Las «donaciones» son, fundamentalmente, traspasos gratuitos de la propiedad a un familiar, con el fin casi siempre de regularizar los títulos, o por otra razón que solo los interesados saben. Tal es el caso de Marieta, una joven doctora que después de cumplir el tiempo de su servicio social tras graduarse en la Universidad y «saldar» su deuda con el Estado, se fue echando para la Yuma, donde ya estaban desde hace tiempo su esposo y sus padres. Marieta le «donó» su apartamento a una prima, aunque por las nuevas regulaciones se lo podía haber vendido sin problemas, cosa que en definitiva hizo, pero «por si las moscas» el cambalache quedó como una donación y todos felices y contentos, pues Marieta partió para el extranjero con una buena suma de dólares que la ayudarán a capear el temporal, por lo menos durante los primeros tiempos.
Además, antes, cuando estas transacciones estaban prohibidas, casas y autos cambiaron de dueño de alguna manera subrepticia y ahora las donaciones son, en buena medida, el cuño que faltaba para hacer oficial una venta que se realizó hace años.
Otro que anda en los trajines de la compra y venta de casas es Nelson, un jubilado que antes se dedicaba al pintoresco oficio de «corredor de permutas» con lo cual se ganaba, sin mucha suerte por cierto, unos pesitos por debajo de la manga.
Ahora, dice, no hay problemas y, para lanzarse al negocio escogió su propia casita, que para él solo es demasiado grande. La puso en venta, y con el dinero que gane espera comprar un apartamento pequeño, justo a sus necesidades, y quedarse que una «guanajita para echar el resto».



