¿Y esos presos quiénes son?

Con una mezcla de sorpresa, curiosidad, aprobación y reticencia, recibieron la mayoría de los cubanos la noticia de la masiva liberación de presos ocurrida como resultado del diálogo sostenido por el Gobierno de la Isla y la Iglesia católica con la participación nada despreciable del ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español, Miguel Angel Moratinos. Con una mezcla de sorpresa, curiosidad, aprobación y reticencia, recibieron la mayoría de los cubanos la noticia de la masiva liberación de presos ocurrida como resultado del diálogo sostenido por el Gobierno de la Isla y la Iglesia católica con la participación nada despreciable del ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español, Miguel Angel Moratinos.

La sorpresa fue la masiva liberación anunciada por el presidente, Raúl Castro, con lo cual en los próximos meses quedarán en libertad todos los que fueron detenidos en la que en medios europeos es conocida como la ‘Primavera Negra’, y que para los analistas de la realidad cubana constituye una jugada que le quita aire a la fuerte campaña internacional desatada contra la Isla desde hace meses tras la muerte en huelga de hambre del preso Orlando Zapata.

La curiosidad radica en que muchos ni siquiera habían oído hablar de esos prisioneros, identificados como disidentes o presos de conciencia en Occidente y juzgados por las autoridades cubanas como contrarrevolucionarios, por cometer delitos contra la seguridad del Estado, en especial por responder y supuestamente estar financiados por una potencia extranjera (Estados Unidos).

Como la prensa oficial aborda este asunto excepcionalmente, muchos, sobre todos los más jóvenes, se preguntan, ¿y esos presos quiénes son? Y cuando reciben alguna información, se encogen de hombros y siguen su camino. Más conocidas son las ‘Damas de Blanco’, porque con sus marchas por las principales calles de La Habana, vestidas de blanco y con gladiolos en las manos, resultaron mucho más visibles para los cubanos, en especial para los habitantes de la capital.

Pero la noticia también despertó reticencias y suspicacias. Por una parte, no pocos cubanos, partidarios o no del Gobierno, consideran que si los presos cometieron efectivamente determinados delitos (gravemente sancionados por las legislaciones de otros países) sencillamente debieron cumplir sus sanciones. ¿En qué quedamos, eran tan graves los delitos o no? Comentaba Amalia, una jubilada, mientras hacía ejercicios con otros abuelos en un parque del barrio de La Víbora.

Otros advierten que para tomar esa decisión el Gobierno es lo suficientemente soberano para decidir lo que sea, y no tenía que haber contado con un tercer país y menos con la Iglesia católica, con la cual las relaciones son de respeto, pero a distancia.

Pero para todos, la sorpresa mayor fue la forma en que la prensa oficial abordó al asunto. El diario Granma publicó una nota en la que daba cuenta de la entrevista del presidente Raúl Castro, el canciller Moratinos y el Cardenal Jaime Ortega, reunión en la cual abordaron «temas de interés», según el rotativo, que no hizo la menor mención a las liberaciones. Sin embargo, en página interior publicaba una nota de prensa del Arzobispado en la que se daban todos los pormenores de la salida de los reos de las cárceles.

¿Ahora tenemos que enterarnos de las cosas por la Iglesia? Se preguntaba más que molesto, consternado, Miguel, un veterano militante comunista.

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