y otros pa’ la playa

Radio Bemba

Por supuesto, los «todo incluido» son un sueño inalcanzable para la mayoría de la gente, que tiene que contar sus CUC o CUP para llegar a fin de mes; pero esa enorme barrera no significa que la arena fina y la aguas cristalinas sean inalcanzables para los cubanos, para quienes la playa es, junto con el beisbol, el pasatiempo favorito. Por supuesto, los «todo incluido» son un sueño inalcanzable para la mayoría de la gente, que tiene que contar sus CUC o CUP para llegar a fin de mes; pero esa enorme barrera no significa que la arena fina y la aguas cristalinas sean inalcanzables para los cubanos, para quienes la playa es, junto con el beisbol, el pasatiempo favorito.

Para eso existen las guaguas, que sobre todo en julio y agosto, época de vacaciones de media Cuba, llevan a miles en excursiones de un día a los principales balnearios y otros centros turísticos.

Como tantas otras cosas en este país lo de las guaguas para la playa es un misterio, pues el transporte por ómnibus, en manos del Estado, es más que insuficiente, y las disposiciones de las empresas para controlar el gasto de combustibles son, al menos en papeles, más que estrictas.

Pero resulta que los cientos de guaguas que casi todos los días durante las vacaciones dan dos o más viajes atestadas de excursionistas, pertenecen a empresas, lo que consumen no es precisamente energía solar, y casi nunca llevan a los trabajadores de las empresas a las cuales pertenecen, sino a la gente del barrio, donde alguien se encarga de «regar la bola» avisándole a vecinos y familiares para, por la módica suma de 1.00 CUC o 25.00 CUP por asiento, «completar» la guagua, porque si no es así el chofer no sale pues el negocio le daría pérdidas.

Algunos, para hacerlo más rentable, llevan viajeros de pie, aunque le cobran solo la mitad y, por supuesto, los niños pequeños no pagan. También es un misterio a dónde van a parar las ganancias, aunque es muy posible que la compartan entre el chofer, el que le busca la clientela y hasta el administrador de la empresa de donde procede el ómnibus, que, al fin y al cabo, para circular tiene que tener permiso de la administración y hasta una hoja de ruta.

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