Dice un chiste que cuando un cubano quiere comer en abundancia y vivir en el mejor país del mundo, solo tiene que sentarse a ver el noticiero de las ocho de la noche. Dice un chiste que cuando un cubano quiere comer en abundancia y vivir en el mejor país del mundo, solo tiene que sentarse a ver el noticiero de las ocho de la noche. El estelar informativo muchos no se lo pierden, pues aparte de las noticias deportivas y el estado del tiempo, que la gente persigue, permite en media hora ponerse más o menos al día sobre el acontecer del planeta, donde a juzgar por este noticiero se está acabando el mundo en todas partes, pues las noticias felices, que también existen, se pueden contar con los dedos de la mano de un manco… menos en Cuba. En el segmento de Nacionales usted puede ver bellos campos cultivados y sin una matica de marabú; vacas gordísimas que sudan leche; gallinas que ponen huevos con la velocidad de una ametralladora; mercados bien abastecidos; enfermeras sonrientes en hospitales asépticos; maestros felices de impartir clases a niñitos inteligentes y obedientes, incapaces de lanzarle un borrador por la cabeza; ómnibus en los que los pasajeros se montan por la puerta delantera y siempre pagan; restaurantes estatales donde usted recibe la mejor de las atenciones, demora en escoger entre un menú variadísimo y hasta paga en moneda nacional. Todo lo contrario de lo que ocurre al doblar de la esquina, salvo algún que otro reportaje que deja ver las costuras, aunque nunca la sangre llegue al río. Quienes no se indignan con tantas fantasías recuerdan de inmediato un programa infantil muy gustado, que se llamaba «Tía Tata cuenta cuentos», y para los que tienen buen sentido del humor, esa media hora resulta una relajante sobremesa en espera de las telenovelas.



