La decoración, visible desde zonas abiertas al público y frecuentada por empresas extranjeras y transeúntes, se convierte así en un símbolo de una contradicción cotidiana: lo que se exhibe para ser visto, pero no registrado.
El árbol navideño de la Lonja del Comercio puede contemplarse, pero no fotografiarse, por una orden interna cuya justificación no ha sido aclarada
Una escena abierta… pero vigilada
El árbol, de varios metros de altura, invita a detenerse unos minutos. Luces, adornos y una ejecución sin excesos refuerzan una imagen pensada para transmitir normalidad y celebración en fechas señaladas. El impulso natural de sacar el móvil y compartir la imagen choca, sin embargo, con la intervención inmediata del personal de seguridad.
Según los testimonios recogidos, basta con apuntar el teléfono para que aparezca un custodio advirtiendo que la acción está prohibida, apelando a órdenes superiores y evitando cualquier explicación adicional.
Los custodios alegan órdenes estrictas y evitan dar explicaciones sobre el motivo de la prohibición
Órdenes, jerarquías y absurdos
La situación suele escalar cuando el primer aviso deriva en la llegada de un responsable con mayor autoridad, que confirma de forma tajante la negativa. La discusión, en algunos casos, sube de tono, alimentada por la falta de lógica aparente de la norma.
La Lonja del Comercio no es una instalación militar ni un espacio clasificado. Es un edificio de uso civil, con actividad empresarial y acceso público, lo que acentúa la sensación de exceso burocrático y desconexión con la realidad cotidiana.
La ausencia de una justificación clara convierte la norma en un ejemplo de rigidez administrativa difícil de entender
El fondo del problema
Los propios custodios reconocen, en privado, que se limitan a cumplir órdenes para evitar sanciones. La responsabilidad recae, por tanto, en una decisión jerárquica que nadie asume públicamente y que termina erosionando la experiencia de un espacio pensado para proyectar apertura y normalidad.
Mientras tanto, la imagen del árbol —esa que no puede tomarse— sigue circulando de forma informal, recordando que prohibir no siempre impide, pero sí incomoda y desgasta.



