«Al paso que va la cosa, las shoping están destinadas a la ruina», aseguró Marina ante las compañeras de trabajo, cuando sacó con gesto triunfal de su enorme cartera una camiseta y un par de zapatos de última moda que se compró en la Feria de Ecuador. «Al paso que va la cosa, las shoping están destinadas a la ruina», aseguró Marina ante las compañeras de trabajo, cuando sacó con gesto triunfal de su enorme cartera una camiseta y un par de zapatos de última moda que se compró en la Feria de Ecuador.
No es que haya por estos días ninguna expo oficial del país andino en La Habana. La voz popular ha bautizado con ese nombre a una explanada ubicada en la zona comercial de La Palma, allá en los confines del municipio Diez de Octubre, en La Habana.
En unas pocas manzanas de ese suburbio hay un mercado de productos agropecuarios, varias shopings, cafeterías, una feria donde se encuentran excelentes artículos de piel confeccionados por artesanos y la Feria de Ecuador.
Si usted ha andado por América Latina, le traerá a la mente al mercado de Ipiales, en Quito, o el de San Victorino, en Bogotá, aunque en escala reducida, y sin dudas con una oferta más variada, moderna y colorida que cualquier mercadillo madrileño, y lo mejor, con precios que ni por casualidad ofrecen las tiendas estatales.
Camila es una de las tantas muchachas que se han enganchado en el trabajo por cuenta propia, y como «es su negocio», hace todo tipo de maromas para ofrecer su mercadería y lograr venderle a su clientela desde zapatillas «de marca, pero a buen precio» o sandalias de silicona que según asegura «cuestan 10.00 CUC pero no tienen muerte», hasta las «plataformas» más extravagantes en las que solo se pueden encaramar jineteras que viajen las 24 horas en turistaxi, y con las cuales, le asegura a una mulata indecisa, «se mata canallas lo mismo en el Café del Meliá Cohiba que en la discoteca de La Macumba»
Anita admite el regateo, pero te lanza un «¡mi corazón, no me sofoques tanto porque yo también tengo que comer!» cuando calcula que la están apretando demasiado.
Pero está satisfecha con su negocio: «Pudiera ganar más, pero no me quejo, y hasta ahora no tengo problemas con las nuevas leyes de aduana. El cubano es bicho y siempre escapa, y como ves, aquí hay de todo y para todos los gustos».



