Algo está cambiando en la TV

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Hace pocos días, casi extrañada de su propia actitud, Albertina, un ama de casa que ya a las siete de la tarde puede sentarse cómodamente frente al televisor tras concluir todos sus quehaceres, le dijo como una confesión a su vecina Arminda: “¿Tu sabes que últimamente estoy viendo la Mesa Redonda más a menudo?” Hace pocos días, casi extrañada de su propia actitud, Albertina, un ama de casa que ya a las siete de la tarde puede sentarse cómodamente frente al televisor tras concluir todos sus quehaceres, le dijo como una confesión a su vecina Arminda: “¿Tu sabes que últimamente estoy viendo la Mesa Redonda más a menudo?”

La sorpresa resultó doble cuando Arminda le comentó que ella también, “porque ahora hay mejores cosas y ya no es la baba de antes”.

Y continuó: “Por suerte ya no está todos los días Randy, el presentador. A mí no me cae mal el muchacho, pero me daba una lástima tremenda ver como tiene la cara llena de baches de la acné juvenil, y desde hace tiempo alternan Arleen Rodríguez y una periodista joven, muy graciosa ella, que le dan frescura y le cambian la imagen al programa”.

“Claro que sí -le respondió Albertina- además, los panelistas casi nunca son los mismos de un programa a otro y se ve que son gente que sabe, y aunque no se fajan entre ellos, por lo menos tienen criterios más convincentes y no parece que estén leyendo las páginas del periódico Granma”.

“La verdad es que ha mejorado bastante, -asintió Arminda- fíjate que mi nieto, que la llamaba La Mesa Retonta y que por nada del mundo perdía el tiempo viéndola, el otro día se la disparó completica, cuando la dedicaron al tema de los homosexuales, aunque no quedó muy convencido con eso de que puedan tener todos los derechos, incluso para casarse”.

Porque para disgusto de muchos y desesperación de otros tantos, hubo un momento en que para enterarse de “la última noticia” había que ver casi obligatoriamente la Mesa Redonda, ese espacio que se trasmite cada día por Cubavisión “el canal de la familia cubana” durante una hora a partir de las siete de la tarde, o usted corría el riesgo de quedarse en la luna aunque viera la emisión estelar del noticiero de televisión que sigue a continuación.

La preocupación de los televidentes no era tanto que las noticias importantes fueran monopolizadas por el espacio de la Mesa Redonda, gracias a alguna orientación “de arriba”, sino que ello constituía el gancho obligado para, antes, tener que dispararse una espesa perorata de un grupo de periodistas, casi siempre los mismos, convertidos milagrosamente en seres omnisapientes que hablaban con similar fluidez tanto de los estragos de las primaveras árabes, como de los éxitos de la agricultura cubana y los resultados de las elecciones en cualquier país remoto, siempre gracias a una prolija acumulación de cables periodísticos o estadísticas ministeriales.

Pero al parecer las cosas han ido cambiando en la medida en que, a duras penas, la prensa cubana va desempolvándose de la rutina y la autocensura, y la Mesa Redonda no se queda atrás en ese lento avance.

A una escenografía más llamativa y moderna, se añade que los temas nacionales de actualidad, sin dudas los que más interesan a los televidentes y que antes brillaban por su ausencia, aparecen con mayor frecuencia; los asuntos internacionales se acercan más a los sucesos del momento; ya no se habla tanto del imperialismo como causante exclusivo de todos los males habidos y por haber en Cuba y el mundo, y hay espacios como “la Esquina”, que aparece los lunes con asuntos llamativos o singulares, o “Sobre la mesa”, los viernes, siempre con problemáticas de mucho impacto social y prácticamente tabúes poco tiempo atrás, como el racismo o la marginalidad en la sociedad cubana, que parecen contribuir a aportarle nuevos ángulos a La Mesa, aunque esta siga siendo redonda.

Quizá la transformación no tiene nada de espectacular, pero es perceptible que algo se mueve, aunque muchos no se hayan dado cuenta aún, acostumbrados ya a hacer zapping en ese horario en busca de programas más potables.

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