No hace falta hacer encuesta alguna para conocer cuál es el artefacto electrónico que hoy demandan más los cubanos. No hace falta hacer encuesta alguna para conocer cuál es el artefacto electrónico que hoy demandan más los cubanos.
Solo basta darse una vuelta por la terminal número 2 del aeropuerto internacional José Martí, por donde llegan los vuelos procedentes de EEUU -y no se sabe por qué motivo también los de Venezuela-, para ver que en el equipaje de la mayoría de los viajeros, lo mismo da que sean los cubanoamericanos de Miami, que los cooperantes que laboran en Caracas, hay un bulto que no puede faltar: siempre traerán consigo una o dos grandes cajas que llevan dentro, sin duda, un flamante televisor de pantalla plana.
Hay de todas las marcas conocidas o no, pero eso sí, mientras más grandes mejor, lo cual provoca que los recién llegados, cargados de maletas, tengan además que hacer malabares con los carritos de equipajes para que las estrechas pero voluminosas cajas puedan pasar por la puerta de la terminal, logren sortear a la multitud que espera a sus parientes y no vayan a parar al piso antes de llegar a sus destinatarios.
En las shoping de Cuba no escasean los televisores de pantalla plana, más bien duermen el sueño de los justos, porque son tan caros, que resulta más barato, por amplio margen, comprar el equipo en el extranjero y pagar el impuesto correspondiente de entrada al país.
Muchos, de paso, compran dos, pues en ocasiones uno es para la familia, y el otro para venderlo más adelante, siempre más barato que en la tienda obviamente, y así entra un dinerito extra. Quizá a las autoridades cubanas les sería mejor negocio vender en sus tiendas los productos más baratos, pero ese ya es otro tema.



