Atentos a los ‘babalaos‘, y su Letra del año. Ellos Nunca se equivocan

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Cualquier intento de establecer criterios estándares con los que se puedan traducir a un lenguaje internacionalmente conocido y homologado, las cifras y las declaraciones oficiales de los miembros del Gobierno cubano conduce directamente a la melancolía. Cualquier intento de establecer criterios estándares con los que se puedan traducir a un lenguaje internacionalmente conocido y homologado, las cifras y las declaraciones oficiales de los miembros del Gobierno cubano conduce directamente a la melancolía. Y quizá sea así porque los ‘octogenarios‘ que bajaron de la Sierra Maestra, y que mandan en La Habana desde hace más de 50 años, tienen sus propios tiempos y son los que imponen el ritmo y los que fijan los términos de un debate serpenteante e intraducible. Tanto que, muchos observadores internacionales, sobre todo si carecen de experiencia previa sobre el inescrutable arte de la ‘Cubanología‘, pueden caer en la desesperación cuando se coteja lo prometido con la realidad final, sobre todo en los términos más o menos textuales en los que se realizó la ‘promesa‘ en cuestión.

El año que acaba de terminar fue saludado con grandes declaraciones de fe en el proceso de liberalización de la economía que dicen querer llevar adelante, eso sí, pasito a pasito, y se ha despedido con serias llamadas a la responsabilidad y peticiones de observancia renovada de los principios que conforman el credo revolucionario. Por el camino, otra ración de luces y sombras sin ningún hecho espectacular que destaque demasiado, a pesar de la frecuente proliferación de titulares, algo subidos de tono, que pueden dar a entender lo contrario. No es extraño así que se anuncie en la prensa internacional un mínimo de tres veces cualquier medida que se vaya a poner en marcha, antes incluso de haber fijado un calendario o unos objetivos para llevarla a cabo.

Hay, a pesar de la lentitud exasperante, algunos signos que denotan una cierta apertura y alguna relajación de los mecanismos de control político que convierten en casi imposible la actividad económica de la sociedad. Quizá lo mejor para 2014 sea esperar unos cuantos días hasta conocer el contenido de la letra del año de los ‘babalaos‘. Esos sacerdotes que, al final, son siempre los que más saben sobre cuál va a ser la evolución del futuro de Cuba, en base, especialmente a la polivalencia y calculada ambigüedad de sus predicciones.

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