La telenovela cubana ‘Casa de Cristal‘, la última en despertar interés entre los espectadores, quizá no haya batido récord de audiencia, pero sigue manteniendo en su tercera y última temporada a un amplio club de fans atentos a lo que ocurre en la pantalla con historias fuertes, que han ocupado buen espacio en los comentarios matutinos entre las ‘marujas‘ y también en la crítica especializada. La hora de la telenovela
La telenovela cubana ‘Casa de Cristal‘, la última en despertar interés entre los espectadores, quizá no haya batido récord de audiencia, pero sigue manteniendo en su tercera y última temporada a un amplio club de fans atentos a lo que ocurre en la pantalla con historias fuertes, que han ocupado buen espacio en los comentarios matutinos entre las ‘marujas‘ y también en la crítica especializada. En la primera temporada el argumento consistía en el problema de la reinserción a la sociedad de tres mujeres tras cumplir condenas por causas diferentes. En su siguiente etapa, bajo el título de ‘Soledad‘, demostró que se puede estar desamparado y solo a pesar de tener a medio mundo alrededor, e incluso puso el dedo sobre la llaga en el sensible tema de la violencia contra la mujer. Ahora marcha por buen camino el tramo final, ‘Desarraigo‘, incluye otro asunto también ausente hasta hoy como ficción, el de las familias que, ignorantes y envueltas por la propaganda, entregaron a sus hijos a desconocidos y los enviaron solos al exilio, para evitar que los comunistas le quitaran la patria potestad o los mandaran a Rusia, donde podrían lavarles el cerebro a las criaturas o convertirlas en carne enlatada. Así era la cosa. La novela ha dado en el clavo, entre otras cosas, por ser creíble gracias a los detalles aparentemente secundarios como la escenografía y la presentación del ambiente en el que se mueven los personajes. Hay que tener en cuenta que los televidentes son implacables con las producciones nacionales, aunque en las telenovelas extranjeras ven de lo más natural del mundo que patrones y criados convivan como una feliz familia. La frase “así no se vive en Cuba” tan esgrimida por muchos al referirse a otros culebrones del patio, no se ha escuchado esta vez, lo cual ya es un punto a favor.
Hotelitos en la habana vieja
En el casco histórico de La Habana siguen floreciendo hotelitos con ambiente casi hogareño y atención personalizada a una clientela que busca algo diferente de las concentraciones de turistas en complejos hoteleros, donde casi se necesita un mapa para llegar a cualquier parte. Uno de esos lugarcitos es el Hotel Comendador, después de ser sometido a una reparación capital que incluyó la remodelación y reestructuración de espacios comunes y habitaciones. Está muy cerca de las plazas de Armas y de San Francisco, por lo que resulta una excelente “base de operaciones” para quienes quieren desandar La Habana Vieja y descubrir todos sus rincones.



