Crónicas habaneras

La construcción de la primera catedral ortodoxa rusa en Cuba se ha convertido en un verdadero símbolo de la recuperación de las relaciones bilaterales entre dos ex aliados políticos y económicos, que marcan ahora nuevos acercamientos. LA IGLESIA ORTODOXA, PUENTE ENTRE RUSIA Y CUBA

La construcción de la primera catedral ortodoxa rusa en Cuba se ha convertido en un verdadero símbolo de la recuperación de las relaciones bilaterales entre dos ex aliados políticos y económicos, que marcan ahora nuevos acercamientos. La Catedral de Nuestra Santa Señora de Kazan es un edificio blanco de dos pisos que ocupa un área de 1.200 metros cuadrados frente a la bahía de La Habana, muy cerca, precisamente, del centro ortodoxo griego construido en 2004, que en sus 153 metros cuadrados apenas puede acomodar a cincuenta personas. Más allá de la diplomacia eclesiástica, en la inauguración del edificio, por cierto, pagado en su mayor parte por los cubanos, ha quedado claro una vez más la influencia que Rusia vuelve a tener en la Isla. Muchos temían una dura respuesta por parte de los miembros de la Iglesia católica, sin embargo, el cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, recibió el lunes pasado al líder ortodoxo Kiril Gundjaev, en un intento por demostrar la apertura de Cuba a las religiones. En el encuentro también participaron el vicario episcopal y canciller de la Arquidiócesis de La Habana, Ramón Suárez Polcari, así como los obispos y religiosos rusos. Para demostrar que la convivencia entre las dos religiones está más que garantizada en la Isla, ambas autoridades eclesiásticas se intercambiaron obsequios. Sin duda alguna Raúl Castro estará más que satisfecho con el cordial encuentro, en un momento histórico en el que el país necesita más que nunca diversificar sus relaciones internacionales, como vía para disminuir la dependencia de Venezuela.

IMPULSO AL ‘PLAN RENOVE’

La autoridades cubanas han comenzado a agilizar los planes de sustitución y entrega de electrodomésticos entre los ciudadanos de la Isla, especialmente de frigoríficos y aparatos de aire acondicionado. Estos ‘planes renove’ han sido siempre un recurso para el Gobierno de Raúl Castro con el que distraer a la población. Con la excusa de la eficiencia energética introducen nuevos aparatos que consumen menos, en un país donde los apagones y el racionamiento se han convertido en el día a día. Pero el ahorro no parece ser la única causa del impulso a estas sustituciones. Mientras los cubanos suben y bajan neveras, se mantienen ocupados, olvidándose, al menos durante unos días, de la crítica situación por la que atraviesan, con graves problemas de suministro que, entre otras cosas, está impidiendo llenar esas nuevas neveras de menor consumo energético.

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