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A falta de alimentos tradicionales, innovación culinaria

Dice un viejo refrán muy cubano, aunque sin dudas fue inventado por los primeros españoles que colonizaron la isla, que «a falta de pan, casabe» Dice un viejo refrán muy cubano, aunque sin dudas fue inventado por los primeros españoles que colonizaron la isla, que «a falta de pan, casabe».

El casabe era -es todavía en algunos recónditos lugares del país- una especie de pan a base de harina de yuca, secada al sol y que mezclada con sal y agua se horneaba, por así decirlo, dando por resultado una torta muy parecida a las arepas que se consumen en cantidades industriales en el resto de América, pero bastante seca e insípida y que formaba parte imprescindible de la dieta de los aborígenes.

Quienes han probado el casabe afirman que acompañado con alguna carne estofada, de res, de cerdo o de pollo, es exquisito, por la carne claro, pues ingerido «en seco» puede traernos a la imaginación que estamos comiendo un pedazo de cartón.

Fue lo más parecido al pan que encontraron los colonizadores en este lado del océano, y como en aquellos años primigenios con mucha frecuencia las reservas de trigo se acababan antes de que llegara la próxima carabela de Europa, no les quedaba de otra que apelar al casabe.

Salvando las enormes distancias en el tiempo e invirtiendo los papeles y los productos, la producción nacional de cervezas sigue dando dolores de cabeza y quedándose corta ante la creciente demanda del líquido entre el turismo creciente, los restaurantes y cafeterías privados que surgen como hongos en época de lluvia y la avalancha de consumidores «nativos» sedientos en medio de un verano que se adelantó desde marzo con temperaturas tórridas.

Entonces, a las comercializadoras cubanas no les ha quedado otra salida que recurrir a la importación de cervezas para paliar la escasez, lo que ha traído, para beneplácito de los bebedores, una multiplicación en la variedad de la oferta.

Así, a la presencia de las preferidas Bucanero y Cristal, además de las Mayabe, Tínima y Cacique, estas casi siempre en moneda nacional, pero todas intermitentes en el mercado como semáforos en madrugada, se han sumado la holandesa Bavaria, en una amplia gama de altos precios y texturas; la Heineken, que por lo cara le confiere cierta categoría a quienes la consumen, y hasta la mexicana Coronita, demasiado afeminada para el gusto del cubano en general.

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